Yo no quito el crucifijo

viernes, 19 de noviembre de 2010

El apogeo de la desvergüenza



He conocido tantas versiones de la verdad, que ya no se que mentira creerme
Anónimo

Pues eso mismo es lo que podría decir usted amigo lector, después de conocer las diferentes versiones que sobre los resultados de la huelga, hemos sufrido los 40 millones de súbditos del Gobierno y Sindicatos afines, es decir: los españolitos de a pié.

Lo curioso del caso, es que aquellos que nos han expresado valoraciones diametralmente opuestas, tratan de convencernos ardientemente, de que sus palabras no son mas que el reflejo de la pura verdad, por lo cual uno termina por quedar más atragantado que un pato en una clase de física cuántica.

Y no es que haya que esperar a estas alturas, que ningún cargo público nos diga, no ya la verdad. ¡Vamos! Hasta ahí podíamos llegar. Es que ni siquiera cabe esperar que diga, SU VERDAD.

En España, en los tiempos que corren, lo políticamente correcto, es mentir con el mayor descaro y desvergüenza, sin siquiera parpadear. Acción que en cualquier país verdaderamente democrático, al que se le pilla con el carrito del helado faltando a la verdad, tarda 24 horas en dar por terminada su carrera pública y marcharse a su casa.

Pero España es diferente y la perversión del lenguaje que desde hace años se viene promoviendo por parte de la clase política española, ha hecho que lo políticamente correcto convierta la mentira repetida hasta la saciedad, en verdad absoluta; lo blanco en negro y lo impúdico y deshonesto, en lícito, íntegro y honrado.

A estas alturas de la película, que mientan, ya no solo no debe sorprendernos, sino que es lo que cabe esperar de esta casta social ignorante que no ha dado un palo al agua en su vida; que para lo único que sirven es para crearnos problemas y a los que encima nos vemos obligados a mantener de por vida. Lo que debería dejarnos pasmados es que alguna vez, aunque fuese a causa de un arrebato irrefrenable de sentido de la realidad, dijesen algo razonable.

Visto lo visto y escuchado lo escuchado, que falten a la verdad barriendo para casa, lo asumimos ya como un mal irremediable. Irremediable porque nadie le quiere poner el cascabel al gato. Pero eso es una cosa, y otra muy diferente es que a las doce de la mañana, traten de convencerle a uno de que es noche cerrada. Hasta ahí ya no, porque es menospreciar nuestra inteligencia.

El hecho es que, la huelga de ayer es lo último que nos hacia falta en España, país que tiene el dudoso honor de encontrarse a la cabeza del índice de desempleo, a la cabeza del fracaso escolar, en el furgón de cola de la productividad, la competitividad y las prestaciones sociales. País endeudado hasta las cejas por generaciones, lo que significa empobrecimiento y atraso de cara a un futuro bastante más que dudoso y problemático.

Con esta huelga, hemos perdido todos y lo más absurdo, es que no sabemos quien ha salido beneficiado con ella.

Ha perdido el gobierno que ha visto su imagen aún más deteriorada de lo que ya está, por mucho que intente presentarse como víctima de unas medidas que no convencen a nadie, ni sirven más que para crear un estado de confusión e inseguridad jurídica que perjudican a trabajadores, pensionistas, parados y que alejarán la inversión nacional y extranjera por muchos años.

Si alguna imagen podían tener, la perdieron unos sindicatos ideológicos, correas de transmisión de la izquierda, a los que mantenemos todos con nuestros impuestos. Unos sindicatos anclados en los más rancios postulados del siglo pasado, aferrados a unas leyes emanadas de la más dura época del franquismo, en la que la falange tenía un gran poder dentro del régimen y que aún hoy, constituyen un pesado lastre en el despegue de la actividad económica de España y por consiguiente del bienestar y progreso de los trabajadores a los que dicen defender. Y si no, que se lo pregunten a los cuatro millones y medio de parados sin expectativas de recuperar su empleo. Que se lo pregunten al millón y medio de esos parados que ya no cobran ninguna subvención y que muchos de ellos están subsistiendo a la escasa ayuda que les pueden prestar sus familiares y a los comedores de Cáritas y otras instituciones sociales de la Iglesia. Que se lo pregunten a esa masa de nuestra juventud que ve como se les pasan los mejores años de su vida sin poder independizarse ni construir su futuro.

Ayer perdió también una patronal que no representa a nadie, con un presidente que no es precisamente el mejor exponente del empresariado que necesita España en estos momentos, pero a la que también mantenemos todos.

Pero quien más perdió con la demagógica huelga de ayer, fue el pueblo español, que a pesar de todos los cuentos de la lechera que nos pintan desde el poder ejecutivo, cada día que pasa, ve más oscuro e incierto su futuro, incluidos los pobres pensionistas que es en su edad más avanzada cuando, después de haber entregado toda una vida de trabajo a la sociedad, más ayuda necesitan.

Pero las previsiones del Jefe del Gobierno y del partido que le apoya, el PSOE, ante el estupor de propios y extraños, desdicen todo esto y no pueden ser más optimistas, tanto dentro, como fuera de España. Y el Jefe del Gobierno, tiene que saber mucho más que yo de estas cosas. Así que no me hagan ustedes mucho caso, porque esto solo son íntimas reflexiones de alguien que prefiere ser un aprendiz del saber, en lugar de maestro de la mentira y la ignorancia.
César Valdeolmillos Alonso

domingo, 10 de octubre de 2010

LA RAZÓN Y LA MISIÓN

En su visita al Reino Unido Benedicto XVI ha indicado claramente que si los principios éticos que sostienen el proceso democrático no se rigen por nada más sólido que el mero consenso social, este proceso se presenta evidentemente frágil. Esto es aplicable a todas las democracias occidentales y sin duda alguna a España, donde el proceso de perversión de la democracia es particularmente intenso. El juego de mayorías y minorías que puede tener valor para decidir sobre la mejor manera de administrar el país, de tomar decisiones económicas sobre el crédito, el comercio, la energía o el plan de comunicaciones, no puede utilizarse para decidir sobre “nuevos” valores morales, aunque se disfracen como extensión de derechos y otros eufemismos. La interpretación de la moral y la ética que puedan hacer los ideólogos del partido gobernante, desde posiciones que se dicen progresistas, se vienen convirtiendo en leyes, que se imponen obligatorias a todos los ciudadanos, una vez que son aprobadas por una mayoría parlamentaria, aunque esta mayoría se obtenga mediante el sistema de toma y daca: tú me votas, yo te doy. A partir de tales leyes, con la entusiasta colaboración de los medios de comunicación afines y el control del sistema educativo, se busca modificar el alma misma de la sociedad, configurar su forma de pensar para que no utilice su razón, ni busque la verdad, pues la única verdad es la que decida el parlamento. Dice el Papa que las normas objetivas para una acción justa de gobierno son accesibles a la razón, prescindiendo del contenido de la revelación. Benedicto XVI cree en la razón, de la que todo hombre está dotado, con independencia de su religión, para encontrar un fundamento objetivo de la realidad más sólido que las cambiantes mayorías parlamentarias, pero esta razón puede ser y de hecho es manipulada por las ideologías, en detrimento de la dignidad de la persona. Si la ideología imperante no cree que exista una verdad, ni una justicia, ni una ética, accesible al esfuerzo a la razón, se dedica a inventarse una que favorezca la relación de fuerzas en la que unos disfrutan del poder y los demás se contentan con lo que quieran darle de trabajo, de seguridad social, de sanidad, (mientras haya algo que dar, naturalmente) Si las palabras del Papa en el Reino Unido, a que he hecho referencia; iban dirigidas a cualquier persona, con independencia de que tenga una o ninguna religión, lo que ha dicho a los Obispos de Brasil va dirigido expresamente a los cristianos que creen que hay que poner en marcha nuevas técnicas para hacer atractiva a la Iglesia al mundo. Para el Papa la misión de la Iglesia no consiste en hacerse atractiva para el mundo, sino en trabajar al servicio de Jesucristo y existe para hacer que la Buena Noticia sea accesible a todas las personas. Para la eficacia de esta misión es necesario que todos los bautizados se conviertan en misioneros, enamorados de Cristo. La única técnica posible en la difusión de evangelio es que cada cristiano muestre con su propia vida que su encuentro con el Señor lo ha transformado en una persona nueva, cuyos valores no coinciden con los del mundo. Francisco Rodríguez Barragán http://elguadalope.es/2010/10/07/la-razon-y-la-mision/ Publicado en Bitácora de Rebelión Digital el 08-10-10 http://www.camineo.info/news/207/ARTICLE/11507/2010-10-08.html Publicado en Análisis Digital el 09-10-10 http://www.analisisdigital.com/Noticias/Noticia.asp?id=49856&idNodo=-5

miércoles, 28 de julio de 2010

¿A quién le importa España?


“Prometo por mi conciencia y honor, cumplir fielmente las obligaciones del cargo de Presidente de Gobierno, con lealtad al Rey, y guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado, así como mantener el secreto de las deliberaciones del Consejo de Ministros”

José Luis Rodríguez Zapatero
Palacio de la Zarzuela,
17 de abril de 2004 y 12 de abril de 2008


Ese grupo de hombres que conquistó el Mundial de Futbol, fue el artífice de que los españoles nos sintiésemos orgullosos de nosotros mismos y volviésemos a sentir sensaciones, ilusiones y sentimientos que desde hacía mucho latían adormecidos en lo más profundo de nuestro yo. A causa de las constantes falacias proferidas por la izquierda y los grupos mediáticos que corean y amplifican sus consignas, los españoles habíamos perdido nuestra propia estima y cobardemente acomplejados, sustituíamos la palabra España, por el concepto: “este país”; la expresión sagrada en todo el mundo occidental de “Patria”, nosotros la borramos de nuestras conciencias porque la izquierda logró que se identificase con el fascismo; lo mismo hicieron con la bandera, permitiendo e incluso fomentando, que fuese ignorada, sustituida, insultada, escupida, ultrajada y hasta quemada con, al menos, indiferente complacencia.

Pero la Selección Nacional Española de Fútbol, Nadal, Contador, Alonso, son ese grupo de hombres que ha conseguido poner el nombre de España a la altura que por su historia le pertenece, e hicieron posible el milagro: que los españoles olvidásemos nuestros complejos y orgullosos, enarbolásemos nuestra bandera; gritásemos con entusiasmo la palabra España y cantásemos con emoción ¡Soy español!, ¡Soy español!, ¡Soy español! Y ello, con evidente disgusto de una izquierda perdida, sin norte, sin ideas y con la mirada puesta en la destrucción de los valores y principios en que siempre se inspiró la unidad de España y con escandalosa alarma y nerviosismo de los totalitarismos nacionalistas.

Del entusiasmo de la roja —como malintencionadamente denomina el Sr. Rodríguez a la Selección— pasamos al desencanto de la negra que tenemos encima. De la inyección de optimismo que nos produjo nuestra selección, al pesimismo fundado que nos causó el debate sobre estado de la nación.

Quien siguiera el mismo con alguna atención ¿Qué consecuencias pudo sacar? Pues que este no constituyó otra cosa mas que un manifiesto escarnio y desprecio de los políticos —que dicen representarnos— para todos los españoles y especialmente, para los más desfavorecidos.

En el hemiciclo pudimos contemplar a un presidente del ejecutivo preso de sus propias contradicciones, sin iniciativas, sin soluciones para los problemas que acosan a los españoles y a merced de los acontecimientos. Su patética imagen, me recordó la de aquel neurótico y peligroso capitán de barco, que Humphrey Bogart interpretara magistralmente en “El motín del Caine”.

España es hoy una nave sin rumbo, sin timonel y con un capitán abatido por la galerna, con la sola y única idea de mantenerse en su puesto, “le cueste lo que le cueste”, intentando llegar desesperadamente al puerto de las próximas elecciones.

En su derivar, no solo ha dilapidado las repletas bodegas de la nave que recibió, sino que además de hipotecarla por varias generaciones, haciendo oídos sordos al escorbuto que supone para su tripulación —más de cuatro millones y medio de parados— y contra las órdenes recibidas del Cuartel General Constitucional[1], sigue siendo su voluntad entregar arbitrariamente parte de esa nave a la deriva que es España, a los jerarcas políticos independentistas, lo que pudiera constituir un fraude de Ley[2] de muy graves consecuencias.

Pero es que continuando en términos marinos, la Intervención Delegada del Estado Mayor de la Armada, representada por el jefe de la oposición, por pura estrategia electoral, en el legítimo y obligado ejercicio de las funciones que tiene encomendadas por la Constitución, renunció a presentarse como la opción de cambio decidida, sólida, clara y convincente, capaz de recuperar el rumbo perdido. Y ello en una situación tan delicada y peligrosa como la que, por voluntad de su capitán, se encuentra el barco, a punto de partirse en pedazos y naufragar para siempre.

En condiciones tan extremas, quien tenía el lícito poder y deber para poner de manifiesto las peligrosas arbitrariedades cometidas por quien ha inspirado, estimulado y promovido leyes inmorales e injustas y movimientos orientados a destruir todos los valores en los que desde hace más de quinientos años se ha asentado la realidad de la nación española, optó por ignorar tan temerario proceder y se limitó a exponer una serie de generalidades de tipo económico ya sabidas —aunque no por ello menos importantes— y meterse en la inútil petición de que el capitán abandone la nave y en la estéril polémica de si usted es malo y yo soy bueno y viceversa. Pero en absoluto rozó siquiera uno de los problemas más graves que tiene planteados España, que es la voluntad que el capitán tiene, aun en contra de lo sentenciado por el Tribunal Constitucional, de entregar parte de la nave a las oligarquías nacionalistas. Pero afrontar ese problema con honradez, con la Ley en la mano, con una auténtica vocación de servicio a España y los españoles, era políticamente incorrecto, por si en el futuro había que negociar con ellos para poder obtener parte del mando del buque.

Por el contrario, se achicó cuando un envalentonado capitán le espetó que aguantaría hasta el final le costase lo que le costase y para coronar el plante, le desafió a que se atreviese a llevar a cabo su relevo en el mando, mediante los mecanismos previstos en el reglamento: presentar una moción de censura.

Ya sabemos que a las oligarquías nacionalistas —que no a su pueblo— les conviene mantener al capitán en su puesto, pero sin poder; entregado mansamente a sus voraces e insaciables demandas encaminadas a seguir saqueando la nave e imponer en la misma su Ley, incluso mediante la baladronada amenaza de proclamar unilateralmente la independencia.

En la posición privilegiada en que ahora se encuentran, no cabe pensar bajo ninguna circunstancia que prestasen su apoyo a una moción de censura, relevando de su puesto a un capitán que es en sus manos, el sumiso brazo ejecutor de sus ya desenfrenadas ambiciones.

Pero aun así, y en la más que probable posibilidad de no ganar en el intento, entiendo que una inmensa mayoría de los españoles habría tenido la posibilidad de constatar cual era el camino alternativo que nos ofrecía quien solicitaba su relevo. En esa tesitura, cada opción política se habría visto en la necesidad de descubrir sus cartas; el desgaste para quien ahora capitanea la nave, hubiese sido inconmensurable, constituyendo un comienzo mucho más próximo, de un final anunciado.

Naturalmente, en ese descubrir cada uno sus cartas, quien legítimamente aspirase a ostentar el mando de la nave, hubiese tenido que exponer cuales serían las disposiciones, no solo económicas, sino también de regeneración moral y política y sobre todo, de organización territorial, que a su entender habría que poner en práctica, para corregir el rumbo y evitar el naufragio. Y lo cierto es que el buque se encuentra ya en condiciones tales, que a la tripulación solo se le puede prometer austeridad en su gobernación y sacrificios para todos, durante mucho tiempo.

Reconozco que no es un programa muy sugestivo que posibilite ganar unas elecciones. No son pocos los que prefieren mirar hacia otro lado y pensar que no es tan fiero el león como lo pintan. Veremos que piensan mañana, si tienen la desgracia de verse afectados por la epidemia del paro; la degradación de la sanidad y la educación; la emancipación sexual de sus hijos a los 14 años; los efectos explosivos de la píldora del día después o un aborto ignorado de sus hijas a los 16 años; la congelación y rebaja de sus pensiones o la casi nula virtualidad de la Ley de dependencia

Sin embargo es urgente que la oposición se desprenda de una vez por todas de sus innumerables complejos por miedo a que le llamen facha, fascista, le califiquen de extrema derecha y otras falacias similares y se presente como una opción compacta y clara, dispuesta a presentar transparentemente, sin dobleces, disimulos u ocultamientos, el programa que la gran mayoría de los españoles estamos esperando.

Es cierto que para obtener el poder y arreglar —hasta donde se pueda— las perversidades que se han cometido, antes hay que ganar las elecciones, lo cual no le va a resultar a la oposición nada fácil. El capitán está decidido a jugar marrulleramente y hasta el límite, todas las bazas que tenga en su mano. Su único y exclusivo es seguir en el poder y llevar a cabo su plan de conducir la nave al temerario puerto ideológico de los años treinta del siglo pasado.

De hecho sus bazas ya las está jugando con la mayor hipocresía y sin el menor escrúpulo, entregando parte de la nación a las jerarquías minoritarias nacionalistas, aceptando el estatuto —que no la sentencia— catalán; poniendo en libertad sin causa ni justificación alguna y con evidente desprecio hacia las víctimas, a presos etarras con las manos manchadas de sangre, posibilitando por todos los medios que haya una facción de la banda criminal que se pueda presentar a las elecciones municipales; ganando tiempo para que a poco que pueda mejorar la economía en el futuro, las circunstancias le permitan presentarse como el salvador de la misma, cuando ha sido él, quien con sus demagógicos derroches, ha dilapidado la herencia recibida. Pero por si todo esto no resultase como tiene previsto, tengo la convicción de que la última jugada la tiene ya preparada para que se olvide todo el deterioro y quebranto, tanto moral como económico, que en tan escaso tiempo nos ha causado y muy bien pudiera ponerla en práctica poco antes de las elecciones. Los que conocen a fondo su trayectoria, saben que es todo un experto en el dividir para vencer. Puede ser una jugada maestra para profundizar aún más en la brecha que él se ha encargado de abrir para dividir a los españoles en buenos y malos, fascistas y progresistas, caverna y futuro y lograr que, como infortunadamente ya ocurrió una vez, volvamos a enfrentarnos entre nosotros. Es muy probable que eligiera ese momento, como el más conveniente a sus intereses ideológicos, para promover la ya anunciada Ley de Libertad religiosa, que en el fondo, dados los antecedentes de la inmoralidad de otras leyes ya aprobadas, cabe suponer que no será otra cosa que la expresión legal de su radical anticlericalismo, provocando un enfrentamiento esencial con la Iglesia Católica.

Pero por si hubiese duda, fijémonos las palabras del capitán del barco cuando dice que el "proceso de paz" fue un "acierto" que "sembró una solución definitiva"[3]» , al mismo tiempo que ETA ya habla del "resultado fructífero" de sus años de terror[4]; o las del presidente nacional socialista de la Generalidad de Cataluña, manifestando que: "Recrearse tanto en lo de la unidad de España es casposo e innecesario"[5].

En contraste con estas vergonzosas manifestaciones, profundicemos en las palabras que el Rey de todos los españoles, pronunció en su tradicional invocación al apóstol Santiago: “Te ruego nos ayudes a superar las dificultades que afecten a nuestra vida colectiva y a resolver cuanto antes la grave crisis colectiva que atravesamos de tan duras consecuencias para millones de personas y familias, particularmente para nuestros jóvenes. Ilumina por ello a nuestras autoridades y responsables políticos, económicos y sociales, para que sirvan con generosidad al interés general y favorezcan siempre la cohesión y entendimiento entre todos, atendiendo con eficacia a los problemas de nuestros ciudadanos. Ayúdanos a erradicar el odio, la violencia y la sinrazón de la barbarie terrorista, cuyas víctimas y familiares afectados merecen todo nuestro respaldo y están siempre en nuestros corazones. Patrón de España: te pido que fomentes todo aquello que nos une y nos hace más fuertes, que ensancha el afecto en nuestros ciudadanos, que asegura la solidaridad entre las comunidades autónomas y que hace de España la gran familia unida, al tiempo que diversa y plural, de la que nos sentimos orgullosos”.

El rumbo que desde el primer día tomó quien ahora comanda la nave que España, no es otro que el desarrollo de una estrategia inmoral basada en un oportunismo sin escrúpulos, para mantenerse en el poder y desplegar una política personal, propia de lunáticos iluminados que pretenden cambiar el curso de la Historia y que al final, lo único que consiguen, es sembrar el odio, la ruina y la destrucción de la sociedad sobre la que ejercen su dominio, con graves consecuencias para aquellas otras que les rodean y con las que mantienen contacto. Sin retroceder demasiado en el túnel del tiempo, el mundo aún recuerda con horror la historia del nacional socialismo desplegado por el cabo bohemio Adolf Hitler, líder e ideólogo del Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores.

Son personas con mente dictatorial y totalitaria, que aprovechando las posibilidades que les brinda la democracia —no olvidemos que Hitler fue elegido democráticamente en las urnas— se instalan en el poder para imponer el pensamiento único, perpetuarse en el mismo y destruir la esencia misma del sistema democrático. Las trágicas consecuencias de la suprema potestad rectora y coactiva en manos de una insensata ignorancia, pueden ser imprevisibles.

De ahí que lo más urgente sea relevar del mando al capitán de la nave, intentando que el relevo constituya un auténtico descalabro para la opción que representa. Será este el único modo existente, para que sea excluido de toda facultad de mando entre quienes un día confiaron en él, le apoyaron y luego se vieron traicionados.

Parece lógico pensar que su relevo dentro de sus propias filas, debiera generar en las mismas una profunda reflexión que diese como fruto, el que la nueva dirección fuese otorgada a otros dirigentes que tuviesen el necesario sentido de la realidad de la sociedad española y del Estado.

Si queremos devolver a España, al menos, parte de la prosperidad; la influencia y prestigio internacional perdidos, habrá que desandar una buena parte del camino recorrido en los últimos seis años y ello no sería posible ni con un triunfo de la oposición por mayoría absoluta, circunstancia que no me parece nada probable, dada la ambigüedad del aspirante. Pero incluso, aunque se llegase a dar esta circunstancia, sería necesario establecer trascendentales y muy sólidos pactos de Estado con el principal partido de la oposición, ya que los desmanes cometidos han sido de tal calibre, que a mi modesto entender, se hace inevitable ya una reforma de la Constitución y la Promulgación de una nueva Ley Electoral.

Enumerar ahora las traiciones que con el legado recibido de nuestra historia se han cometido en los últimos seis años y las graves consecuencias que de ellas habrán de derivarse, daría para escribir varios tomos.

De no producirse estas circunstancias y el comandante siguiese al mando de la nave hasta conducirla al puerto por él deseado, las elecciones de 2012, los daños que aún podría causar a la misma serían de tal naturaleza, que cabría aplicar las palabras que don Luis Mejía dirigiese a don Juan Tenorio en la famosa obra de Zorrilla, en relación con la seducción de Doña Ana de Pantoja: “Don Juan, yo la amaba, sí; mas con lo que habéis osado, imposible la hais dejado para vos y para mí”.

César Valdeolmillos Alonso
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[1] Tribunal Constitucional


[2] “Los actos realizados al amparo del texto de una norma que persigan un resultado prohibido por el ordenamiento jurídico, o contrario a él, se considerarán ejecutados en fraude de Ley y no impedirán la debida aplicación de la norma que se hubiere tratado de eludir”. Punto 4, Art. 6, Capítulo III del Código Civil Español.

[3] Declaraciones a “El País” publicadas el 25-07-2010

[4] Diario Gara, 25-07-2010

[5] Declaraciones a “El País” publicadas el 25-07-2010

España necesita un Vicente del Bosque



"Muertas las ideologías, el mundo quedó en manos de gente práctica que anula cerebros bajo montañas de nada"
Jorge Valdano
Ex futbolista y entrenador argentino

Gracias de todo corazón a la Selección Nacional Española de Futbol, por habernos dado la gran alegría de habernos dado este día de gloria y haber logrado que, por primera vez en seis años, se hable en todo el mundo elogiosamente de España.

Escrito esto, declaro solemnemente que desde que recién inaugurado el estadio Santiago Bernabeu, mi padre me llevó a ver un encuentro en el que se enfrentaban el Real Madrid y el Sporting de Gijón —tiempos en los que en las filas del equipo merengue figuraban Bañón, Querejeta, Corona, Muñoz, Ipiña y Molowny entre otros, por entonces en España aún no se había oído hablar de Diestéfano— y en el que el equipo asturiano ganó en el último minuto por 0-1, el encuentro me produjo tal aburrimiento y el resultado tal decepción, que nunca más he vuelto a sentir la menor motivación que me haga aficionarme a este espectáculo que mueve intereses inimaginables y suscita tan ardorosas pasiones.

Cuando ocasionalmente veo a través de la televisión alguno de esos inmensos coliseos tronando a causa del rugir de cientos de miles de gargantas porque la pelotita ha traspasado los tres palos, pienso en lo poco que ha progresado la humanidad. Los que manejan el poder siguen distrayendo al pueblo de los problemas y angustias que ellos mismos le causan, con unas migajas de algo y circo, ¡mucho circo!

Los griegos utilizaban los juegos olímpicos como tregua —tiempo de paz— en sus discordias internas, uniéndose todos en torno a un solo objetivo: el triunfo de sus mejores atletas. Los emperadores romanos, para distraer al pueblo de sus innumerables tropelías, convirtieron a sus habitantes en carniceros que bramaban de entusiasmo ante la sangre derramada sobre la arena. Nosotros, en siglo XXI, ofendemos a la dignidad humana, haciendo un escandaloso alarde de derroche en el corazón de un continente en el que una gota de agua potable es más valiosa que un brillante y en el que una gran parte de los niños, mueren a causa de la desnutrición antes de los cinco años. ¡Con lo que se podría hacer en esos mundos de desheredados con los cientos de miles de millones que han costado estos “juegos”!

Quizá hoy las formas sean más refinadas, pero los métodos de hurtar de la mente los problemas de fondo, las variopintas y sofisticadas formas de crueldad que el hombre sigue ejerciendo contra el hombre, no es muy diferente de la de entonces.

Con todo, y al margen del hedor que emana de las ocultas cloacas que alimentan los intereses que pululan en torno al tinglado que constituyen estos gigantescos eventos “deportivos” y la afrenta que los mismos suponen para ese mundo que sumido en la más absoluta de las miserias, carece de lo imprescindible para mal subsistir, he de admitir que en las actuales circunstancias de España, el cabezazo de Pujol en el encuentro contra Alemania y el tan ansiado gol de Iniesta en la portería holandesa, además de la victoria, constituyeron dos campanazos tan rotundos, tan sonoros, tan manifiestos y expresivos, que de los mismos, deberían tomar buena nota las sórdidas, codiciosas y oportunistas oligarquías políticas hacedoras de artificiales nacionalismos y las de los gnomos mentales que las amparan; paletos miopes, que engreídos de su propia y fatua vanidad, tienen la impúdica osadía de presentarse ante el mundo con planetarias visiones que solo anidan en su presuntuosa y liliputiense mollera.

Tanto unos como otros, se creen iluminados salvadores del mundo y no son más que sanguijuelas incrustadas en nuestra piel, incapaces de hacer otra cosa que destruir día a día nuestra sociedad, improvisando sin sentido en función de sus espurios intereses y como su único objetivo es perpetuarse en el poder, de forma miserable aplican el aforismo de Julio Cesar: “divide et impera” divide y vencerás.

Nos separan; nos dividen en buenos y malos, en ángeles y demonios; nos enfrentan a unos contra otros bajo el subterfugio de hacer una sociedad más justa e igualitaria; legalizan el asesinato libre de generaciones enteras, legalizando el exterminio de seres inocentes e indefensos y tienen el provocador descaro de argüir que es para dotar de mayores garantías a quienes están condenados a ser despedazados en el vientre de su propia madre; defienden la idea —y a quienes la han practicado al margen de la Ley— de dormirnos dulcemente para que no despertemos, invocando una falaz muerte digna; dilapidan el fruto del esfuerzo de nuestro trabajo en políticas electoralistamente partidarias a expensas de arruinar a España y a los españoles; con vergonzosa ignorancia, maligna intención y un inconmensurable complejo de inferioridad, eliminan cuando pueden u ocultan y desprecian cuando no tienen otra salida, los símbolos de nuestra identidad nacional, al tiempo que alientan y apoyan voraces tendencias nacionalistas, que con perjuicio para el resto de los españoles, gozan de privilegios injustificables en el siglo XXI. Privilegios que en buena parte, son utilizados para sembrar el odio de sus nuevas generaciones hacia quienes precisamente les estamos manteniendo.

Valgan como ejemplos más recientes —y no me aparto del mundial de futbol— ese video difundido en las televisiones que no están a las órdenes del régimen, en el que se contempla como se coreó el gol de Pujol en una sede nacionalista catalana, cantando “…la puta España”, por cierto, con la música de un tema que ensalza a nuestro país y que después de dar la vuelta al mundo, ha quedado como símbolo de una parte de nuestra identificación nacional. El otro desgraciado ejemplo, es el de ese joven gaditano, que en Pamplona, por parte de unos descerebrados amamantados en el odio a su propia nación —mal que les pese— recibió una puñalada en la axila, por cometer el pecado de ir envuelto en la bandera española.

Dicen los comentaristas deportivos, que el cabezazo de Pujol, impulsó el balón con pasión tal, que el esférico penetro en la portería alemana con la fuerza de un misil.

Lo que los nacionalistas y sus oportunistas socios políticos ignoraban, es que ese misil, perforaría al mismo tiempo la línea de flotación de sus anacrónicas y extemporáneas ideologías, tan alejadas de los sentimientos de la ciudadanía común y corriente; de esa ciudadanía que no goza de poltronas y lujosísimos coches blindados; de esa ciudadanía que no ha sido educada en el odio a sus compatriotas; de esa ciudadanía que no tiene grandes posesiones cuyo origen no se atreven a explicar; de esa ciudadanía que no tiene otro poder que el de su voto en las urnas cada cuatro años; de esa ciudadanía que se levanta a las seis o las siete de la mañana para ir a su trabajo —si tienen la fortuna de conservarlo aún— y producir, para que unos pocos privilegiados se aprovechen de la riqueza que el mismo genera; de esa ciudadanía que no se beneficia de las subvenciones por oportunistas razones de apoyo al poder; de esa ciudadanía que tiene que hacer mil y un equilibrios para pagar su hipoteca, la luz, el teléfono, el agua, el gas, la basura, el impuesto de circulación, el IBI, el IRPF y un rosario de impuestos interminables; de esa ciudadanía que apenas nacidos sus hijos, tiene que, desde primerísima hora de la mañana, dejarles en las guarderías, porque al carecerse de una auténtica política de protección a la familia —salvo la de los que mangonean el cotarro ¡faltaría más!—, forzosamente los dos miembros de la pareja tiene que trabajar, con evidente menoscabo de su vida familiar; de esa ciudadanía que llegan a casa extenuados a la hora de acostar a sus hijos, lo que les impide tener la convivencia familiar necesaria en la que se pueda sembrar la semilla de su formación; de esa ciudadanía que con angustia observa como sus hijos se van empobreciendo intelectualmente a causa de la pésima educación que están recibiendo, con lo que en su día, con muchos y pomposos títulos que no les servirán de nada, con suerte llegarán a ser subalternos de las juventudes de los países de nuestro entorno, muchísimo mejor preparadas que las nuestras; de esa ciudadanía que ve como sus hijos en edad de incorporarse al mundo laboral y labrarse un porvenir, no tienen la menor perspectiva de poder independizarse y formar un hogar; de esa ciudadanía que en plena madurez, cuando más fruto podía dar a la sociedad, se le cercenan todas sus expectativas con el despido o en el mejor de los casos, con una prejubilación anticipada, truncando así de forma traumática, su futuro; de esa ciudadanía que a causa del despilfarro de los mandamases de la cosa pública, ve disminuido su patrimonio y mermado su salario; de esa ciudadanía que después de toda una vida de dar fruto a la sociedad, ve congeladas y amenazadas sus pensiones; de esa ciudadanía que cuando por su edad más lo necesita, va a tener que pagar una sanidad pública que ya pagó cotizando a la SS.SS durante su vida laboral; de esa ciudadanía para la que llegada la senectud, que es cuando más necesita el ser humano el amor, el cariño, el reconocimiento y la ayuda, se le aprobó una Ley de dependencia que al final ha resultado el cuento de la lechera.

El cabezazo de Pujol y el gol de Iniesta, por primera vez en la historia de los mundiales de futbol, hizo posible que la Selección Nacional Rojigualda —la española, no la roja, que ni para hacer demagogia tienen imaginación; la roja es el sobrenombre con el que tradicionalmente se conoce a la selección de Chile— llegasen a conquistar la copa de campeones del mundo, despertando en la generalidad de los españoles, el noble sentimiento de hacer posible el logro de un sentimiento común, representando a nuestra nación; la única que conoce el mundo: España.

La proeza que se ha hecho realidad, no es del Madrid de Casillas, ni del Barcelona de Busquet, Xavi o Pujol, como pretenden para avivar la confrontación entre hermanos, los mezquinos politicastros nacionalistas enriquecidos a la sombra de su superchería y votados por un puñado de ingenuos de muy menguados conocimientos, ignorantes de que ellos serán los primeros en ser las víctimas de los desmanes de aquellos a quienes torpemente creyeron.

Que se enteren de una vez por todas, todos aquellos que cándidamente han creído y caído en las ilusorias pero falaces tesis nacionalistas, que hoy, los españoles todos, reconocemos y honramos la labor desempeñada por los miembros de nuestra Selección Nacional de Futbol, con independencia de que sean, catalanes, vascos, gallegos, canarios o de Valderrábanos de Arriba, porque todos somos ramas que se nutren de la misma savia de un tronco común llamado España.

La hombrada futbolística alcanzada con la conquista del título de campeones del mundo, se debe a ese grupo de hombres, que impregnados de un objetivo común y recíproco, han integrado la Selección Nacional Española. Un grupo de hombres, que más allá del renombre profesional y de los beneficios económicos que pudieran reportarles sus logros, eran conscientes de que estaban defendiendo el prestigio deportivo del futbol español. Solo había que observar el semblante de responsabilidad de sus rostros cuando sonaba el himno de su país y el entusiasmo, la alegría, el júbilo enardecido y hasta las lágrimas de emoción, que nacidas de lo más profundo de sus corazones, brotaban de sus ojos cuando marcaban un gol o lograban superar una eliminatoria más. En esos momentos no sentían ni al Madrid, ni al Barcelona, ni a Cataluña, ni al resto de España. Todos eran unos y uno eran todos. Era España la que triunfaba.

En esos momentos, su alegría no provenía de su entendimiento. Era un atropello de sus sentimientos que brotaba de lo más hondo de su alma. Y es que la Selección Nacional Española, contaba con un sólido puente cuyos pilares se sustentaban en la siembra de una hermosa semilla que habría de dar a todos el fruto de un sueño acariciado durante noventa años: ser por vez primera campeones del mundo. Pero esto es imposible de lograr sembrando la discordia, la confrontación o los agravios comparativos entre los miembros del equipo, sino aunando voluntades y haciendo partícipes a todos y cada uno de los miembros del conjunto —jugadores y cuerpo técnico— de que todos, sin distinción, tenían que ser protagonistas de una gesta que España jamás había logrado. Y ese puente, de apariencia tranquila, de gran mesura en su comportamiento, pero que en su infinita soledad ha sabido sortear escollos, salvar dificultades, ignorar grotescas críticas y hacer de todos un solo hombre, un solo deseo, una sola voz, se llama Vicente del Bosque.

Lo que del Bosque no podía sospechar es que su callada labor al frente de nuestra escuadra, no solo causaría el efecto deseado en los hombres que el comandaba, sino que de su filosofía, nos impregnaríamos todos los españoles, logrando el milagro de que, desechando nuestros complejos, nos uniésemos en ese común deseo de recuperar el prestigio de nuestro país —aunque solo fuese futbolísticamente— y orgullosos, engalanásemos nuestros balcones o saliésemos a la calle revestidos con la bandera española. Los españoles necesitábamos perentoriamente un revulsivo que nos hiciese recobrar nuestra propia estimación ante frases como: “…mi patria es la libertad” o “…el concepto de nación es discutido y discutible”. Por ello, sin obedecer a ninguna consigna, hemos reaccionado espontáneamente como un solo espíritu, como un solo sentimiento, como un solo corazón que ha latido al unísono en todo el territorio español. Y es que del Bosque, a la hora de elegir a quienes con él habrían de compartir la responsabilidad del triunfo o el fracaso, tuvo la sabiduría de optar por hombres que sabía que no solo desempeñarían brillantemente su cometido, sino que además estaban —como el mismo manifestó una vez obtenido el título— impregnados de unos valores y principios que se alzaban por encima de su habilidades y conocimientos y que serían decisivos en la consecución de ese sueño común.

Solamente una nube ensombrece este rayo de luz. Y es que hayamos tenido el valor de reaccionar de este modo ante el hecho de atinar a introducir el balón hasta el fondo de la red y callemos cobardemente, como si con nosotros no fuese, ante esos cien mil seres nocentes que cada año ven truncada su vida en el vientre de sus madres en España.

¿Qué clase de sociedad es la nuestra, que es capaz de vibrar como un solo ser por el triunfo en un juego y se desentiende de un hecho tan sanguinario como es el aborto? ¿Qué clase de sociedad es la que —con razón— reprocha el maltrato a los animales al tiempo que defiende, comprende, disculpa o vuelve la cabeza hacia otro lado, cuando de aniquilar la vida humana se trata? ¿Donde dejamos los tan manoseados “derechos humanos” y “la protección del no nacido”?

Con todo, este que suscribe, que habitualmente no siente el menor interés por el futbol, vibrando todo su ser y con los ojos nublados por la emoción, no quiere dejar de felicitar de todo corazón a nuestra Selección Nacional de Futbol. Han trabajado con profesionalidad; con coraje; dejándose la piel cada uno en su misión; sufriendo y gozando todos ellos como una piña, sin personalismos. Han hecho equipo y han cumplido con su deber y España deberá y sabrá honrarles como se merecen. Lo que siento es que en vez de jugar al futbol, no se dediquen a la política. Porque España necesita en La Moncloa un Vicente del Bosque, acompañado por unos hombres como los que nos han representado en Sudáfrica.

César Valdeolmillos Alonso

jueves, 10 de junio de 2010

Ceuta y Melilla no son de España, SON ESPAÑA




Hasta que quienes ocupan puestos de responsabilidad no acepten cuestionarse con valentía su modo de administrar el poder y de procurar el bienestar de sus pueblos, será difícil imaginar que se pueda progresar verdaderamente hacia la paz.
Juan Pablo II


Desde el día siguiente al que Marruecos, la nación vecina —y a pesar de ello amiga— obtuvo su independencia en 1956, sus más altas autoridades comenzaron a solicitar a España la entrega de Ceuta, Melilla, los peñones de Vélez de la Gomera y de Alhucemas, el islote de Perejil y del archipiélago de las Chafarinas, solicitudes que de un modo recurrente, se han venido produciendo de forma periódica cada vez que el país amigo ha querido desviar la atención de sus súbditos de sus graves problemas internos, sembrando, alimentando y excitando en su población, un sentimiento de falso agravio por parte de España o bien aprovechando momentos delicados, como el actual, por los que pudiera atravesar nuestro país.

Pretensiones

El pasado 17 de mayo, como quien no quiere la cosa, Abbas El Fasi, primer ministro marroquí, pronunció en el transcurso de su comparecencia ante una sesión plenaria de la Cámara de Representantes en Rabat —órgano similar a nuestro Congreso de los Diputados— intervención destinada a realizar un balance de la mitad del mandato de su Gobierno, las siguientes palabras: "Llamamos a la amiga España a abrir un diálogo constructivo con Marruecos para poner fin a la ocupación de estas dos ciudades marroquíes —se refería a Ceuta y Melilla— y de las islas vecinas expoliadas, dentro del marco de una visión de futuro".

Para El Fasi, el hecho de que "España niegue a Marruecos el derecho de recuperar dichos territorios, es anacrónico con el espíritu de los tiempos y con las relaciones estratégicas de buena vecindad existentes entre los dos países”.

En su alocución, el primer ministro apuntó que la "visión" de futuro que se abra sobre Ceuta y Melilla y los islotes, "deberá tener en cuenta los intereses comunes de los dos países y las nuevas realidades estratégicas y geopolíticas". Atención a este último concepto por es muy importante y más adelante volveremos sobre él.

No es difícil percatarse de que las cumbres europeas que se celebraron en esas fechas en Madrid, actuaron de caja de resonancia, amplificando a costa de España, el mensaje que Marruecos pretendía enviar a toda la comunidad internacional.

Presiones

Según publicó el diario El País el mismo día 17 de mayo en un artículo firmado por Ignacio Cembrero, “las palabras del primer ministro fueron pronunciadas un mes después de que la aduana marroquí colocase en la frontera de Melilla un cartel en el que se tacha a la ciudad de "ocupada". La diplomacia española trasladó a Rabat su "malestar" por esta iniciativa, pero no obtuvo ninguna explicación y el aviso sigue colgado en el mismo lugar”.

¿Se trata de una mera coincidencia y no existe la menor correlación entre la ofensiva verbal del jefe del Gobierno marroquí y el intento de entrada a Melilla de 15 subsaharianos procedentes de Marruecos, que tuvo lugar horas después de su alocución, siendo esta la primera tentativa de estas características registrada desde 2008, que fue repelida por la Guardia Civil y la Policía?

Por otra parte ¿guarda alguna relación con la postura marroquí, el hecho de que según el artículo firmado por Luis Ayllón en el diario ABC, cuatro días más tarde, el viernes día 21, el Gobierno se viera obligado a rechazar una nota diplomática enviada por Marruecos a la Embajada de España en Rabat, en la que se comunicaba que había sido detenido un ciudadano español cuando intentaba entrar a nado «en el presidio[1] de Ceuta», según supo ABC de fuentes solventes?

La representación diplomática devolvió de inmediato la nota verbal a Marruecos por incluir el término «presidio», que Rabat suele utilizar en sus peticiones sobre Ceuta y Melilla, pero que no es habitual que emplee en los textos dirigidos a España. Además, el embajador, Luis Planas, habló con un alto cargo del Ministerio marroquí de Exteriores para expresarle su protesta y su interlocutor se limitó a decir que tomaba nota.

Agresiones y afrentas

No obstante todo lo expuesto, el ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, considera, según dijo en el Foro ABC, que nada de esto impide que se mantenga una buena relación bilateral. Claro que la buena relación bilateral tradicional, tampoco impidió que en julio de 2002, Marruecos ocupara durante unos días el islote de Perejil, lo que causó una seria crisis diplomática.

Tampoco esta muy buena relación que mantenemos con la nación amiga de Marruecos, fue obstáculo para que en noviembre de 2007, se produjera un nuevo foco de tensión entre ambos países, al expresar el Rey Mohamed VI su “condena” y “denuncia” por la visita de don Juan Carlos y doña Sofía a las ciudades de Ceuta y Melilla, advirtiendo en tono desafiante, que las “autoridades españolas deberán asumir su responsabilidad en cuanto a las consecuencias” de la gira real, situación que desembocó en la retirada del embajador marroquí de Madrid durante dos meses.

Fue seguramente nuestra buena relación con Marruecos la que motivó que nuestro Presidente fuera recibido en el aeropuerto de Oujda, en Julio de 2008, con una bandera minúscula de España, tamaño toalla, rodeada de decenas de banderas marroquíes, lo que sin duda constituyó un desplante y una falta de respeto a nuestro país.

Actitud de España

Ante todos estos guantes lanzados por el reino alauita, el Ejecutivo español, pudiendo haber respondido con la misma contundencia con que lo hizo el país amigo, actuó con una muy ponderada tolerancia, renunciando a presentar protesta diplomática alguna. No obstante, al día siguiente de la última solicitud hecha por Marruecos, el diario La Vanguardia reflejaba en sus páginas una noticia difundida por la agencia EFE, que decía: “La vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, ha asegurado que "la soberanía y españolidad de Ceuta y Melilla no están en cuestión de ninguna manera" y ha señalado que "esta posición la conoce Marruecos", país con el que existe "muy buena relación". De todos modos, el sentido común dice que la postura recurrente del reino de Marruecos, constituye una falta de respeto a la relación de buena vecindad de dos países que dicen ser amigos”.

En este mismo sentido la vicepresidenta comentó que la relación con el reino alauí se ha intensificado durante la presidencia española de la UE y ha recordado la cumbre UE-Marruecos celebrada en Granada el 7 de marzo pasado y en la que se le pidió a Marruecos públicamente en rueda de prensa, avances en materia de Derechos Humanos.

A este respecto convendría recordar que España ha sido el principal valedor de esa cumbre, que tuvo como telón de fondo el estatuto avanzado concedido por Bruselas a Marruecos, incluso a veces con perjuicio notorio para nuestros propios agricultores, con el fin de dar "estabilidad" a toda la zona y ello a pesar de que Rabat sigue sin reconocer la integridad territorial española.

Por último, la vicepresidenta precisó que el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos se encontraba "en permanente contacto" con las autoridades marroquíes, lo que nos mueve a pensar que gracias a la notable eficacia de la diplomacia española, las cuestiones expuestas no van a más, ya que estos llamamientos a la integración de ambas ciudades en Marruecos, constituyen actos temerarios que podrían procar tensiones y conflictos de consecuencias imprevisibles, pues este tipo de salidas siembran el desasosiego entre nuestros paisanos del otro lado del Estrecho. Desasosiego para el que sólo hay un antídoto: cercanía y protección del Estado y del resto de los españoles.

Política marroquí

Como resultado de la política que Marruecos viene desarrollado durante años, a cualquiera que pase hoy por Melilla, le resultará dificil saber a qué lado de la frontera se encuentra, ya que la ciudad está amortiguándose a pasos agigantados a causa del aumento de la población del otro lado de la frontera, induciendo así una transformación de la estructura sociológica de la ciudad. Pero Marruecos no se conforma con lograr la metamorfosis de las poblaciónes melillenses o ceutíes, sino que intenta extenderla al resto de España, “invitando” a diversos medios y periodistas españoles a viajar al país alauíta, patrocinados por diversas entidades marroquíes con el fin de "conocer el Marruecos del siglo XXI".

Los intereses de España —y de Europa en general— en el Magreb, son cada día más sensibles y no deben quedar expuestos a soflamas de irredentismo, que convergen con las amenazas reiteradas de Al Qaida contra la presencia española en la región.

Españolidad de los territorios pretendidos

Por sabidas, probadas y notorias, sonroja citar de nuevo, la enumeración de las razones históricas, políticas y jurídicas en las que se basa la españolidad de los territorios inverosímilmente pretendidos por la nación amiga de Marruecos, por más que no estorbará recordar por enésima vez que España ejerce su soberanía sobre Melilla desde 1496 y sobre Ceuta, desde 1580. En su origen, fueron puestos de avanzada tras la conquista por los Reyes Católicos del último reino andalusí de la Península; el nazarí de Granada, en 1492. Resulta por tanto insólita y falaz la pretensión de unos territorios que jamás se poseyeron, ya que Marruecos obtuvo su independencia, en 1956.

Reflexiones sobre la situación

Cuando es bien sabido que las relaciones internacionales están presididas principalmente por razones de intereses propios, resultaría prudente y aconsejable al menos, considerar el retórico término de esa pretendida amistad que nos ha venido ligando a al reino alauita, por una idea mucho más práctica y realista, basada en los intereses de mutua conveniencia.

Partiendo de esta realidad, no deberíamos perder de vista una serie de actitudes muy significativas y que una tras otra nos ponen frente a los ojos el irredentismo marroquí.

Como se ha podido comprobar desde que asumió su independencia, Marruecos jamás abandonará sus aspiraciones anexionistas, salvo que las circunstancias así se lo impongan, dado que cuanto más territorio esté bajo su dominio, mayor poder obstentará en el contexto internacional. Así lo demuestra el ritual en el que se han convertido sus reiteradas peticiones, utilizando para ello los crecientes lazos económicos y demográficos entre ambos países.

Constituiría un grave error ignorar que la cruzada islamista de Marruecos no se esconde. Con un ministerio de Asuntos Islámicos, unos cien cristianos han sido expulsados del país, al parecer, por hacer proselitismo, entre los cuales figura el español, Francisco Patón Millán, dirigente de una empresa energética, que fue expulsado recientemente, acusado de intentar convertir a musulmanes.

En este punto, convendría tener muy en cuenta la significación simbólica de que la primera cumbre entre un país árabe y la Unión Europea se celebrara en Granada, cuya conquista supuso el fin del dominio musulmán en España y precisamente en el Palacio de Carlos V, monumento situado en el corazón de la Alhambra y que en su momento simbolizó el triunfo de la Cristiandad sobre el Islam[2].

No es menos digno de tener en cuenta el hecho de que 20.000 marroquíes vengan legalmente a trabajar regularmente a España cada año[3], donde ya están establecidos 746.000 que viven en nuestro país y constituyen la segunda población más numerosa, tras la rumana, mientras que el número de españoles que viven en Marruecos es de 6.278.

Ahora que nuestro país sufre una crisis económica sin precedentes, las autoridades de Marruecos han debido de pensar que es el momento de echar un nuevo pulso a España. De ahí que las declaraciones del primer ministro, Abbas El Farsi, constituyan un regalo envenenado a nuestro Gobierno. Abrir un diálogo sobre este tema, supondría sacralizarlo y terminaría por volverse contra España, ya que para Rabat sería el principio del reconocimiento de que realmente existe un contencioso. Y ello significaría acercarse peligrosamente al abismo. La crisis económica y financiera que sacude España tiene al Gobierno en serias dificultades, y la petición marroquí en lugar de darle oxígeno para enfrentarla, le añade un nuevo quebradero de cabeza.

A largo plazo, la estrategia de la presión continua ha proporcionado excelentes resultados al sultanato. De suerte que, paso a paso, se fueron anexionando Ifni, la franja de Tarfaya y el Sáhara occidental, con la pérdida que para España ha conllevado en materia de pesca, fosfatos, yacimientos petrolíferos o soberanía sobre las aguas.

Mientras Abbas El Fassi llama al diálogo a España, en base a que la Ley española obliga al empadronamiento de los extranjeros, y más allá de eso, incluso, a la reunificación familiar, en Ceuta y Melilla se tramitan diariamente un número importante de empadronamientos solicitados por ciudadanos marroquíes que han logrado unirse en matrimonio con musulmanes españoles de estas ciudades, convirtiéndose las mismas en escenario donde practicar el ‘matrimonio de conveniencia’. Diariamente el Registro Civil ha de validar matrimonios de musulmanes donde una de las partes procede de Marruecos —ya sea el hombre o la mujer— y este es un proceso muy preocupante que puede llegar a escapar de nuestro control. Concretamente y por este procedimiento, en un año, la población ceutí ha crecido en casi 1.900 personas, ascendiendo en la actualidad a 80.570. Esta situación, sirve de clara base a Marruecos para mantener una posición de fuerza -por causa de la población- más allá de los razonamientos de índole histórico-jurídica, válidos internacionalmente.

Desde el realismo político, el rey de Marruecos sabe que la conquista de tales territorios dependerá, ante todo, de su poderío político —militar, diplomático, económico o demográfico— frente a España. Con la Marcha Verde, cuando en España existía un vacío de poder, se hicieron con el control casi total del Sáhara Español. Con el anterior Ejecutivo, los marroquíes probaron a echar un pulso a España invadiendo el islote de Perejil. Ahora, en una situación de crisis internacional en la que cada país está inmerso en sus propios problemas y aprovechando que la Unión Europea se niega a reconocer la españolidad de las dos ciudades en cuestión, intentan dar un paso más en sus propósitos.

En esta situación ¿quien nos asegura que mañana no seremos objeto de otra marcha verde?

César Valdeolmillos Alonso
Accésit II Premio Nacional de Periodismo “Asociación Ceuta y Melilla Españolas”

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[1] Marruecos suele aplicar el término “presidio” a Ceuta y Melilla para subrayar que considera a las dos ciudades, plazas fuertes «ocupadas» y que no reconoce la soberanía de España sobre las mismas.

[2] Concepto que figura en la página http://www.alhambra-patronato.es/index.php?id=141 del Patronato de la Alhambra, dependiente de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.

[3] Manifestaciones de Mohamed Saâd Hassar, secretario de Estado del ministro del Interior de Marruecos.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Lo importante no es ser demócrata o dictador, sino ser de izquierdas



"La democracia es solo el primer paso hacia la consecución de la dictadura del proletariado. Que nadie dude que el poder será nuestro, por las buenas o por las malas".

Francisco Largo Caballero
(El Liberal, de Bilbao, 20 de enero de 1936).


El diario “La Gaceta”[1], bajo el epígrafe El tonto contemporáneo, publicó unas declaraciones del socialista Gregorio Peces Barba, en las que calificaba como un paréntesis en la democracia los Gobiernos de José María Aznar.

Me parece extremadamente grave que a estas alturas, el jurista que fue uno de los siete Padres de la actual Constitución española, Presidente del Congreso de los Diputados, Rector de la Universidad Carlos III de Madrid y Alto Comisionado para el Apoyo a las Víctimas del Terrorismo, ignore premeditadamente la etapa democrática de Adolfo Suárez y considere un paréntesis en la democracia española el período de los 8 años de gobierno del PP.

El demócrata que ejerció de inquisidor de la izquierda durante su rectorado en la Universidad Carlos III, boicoteando la actuación de un historiador que no coincidía con su pensamiento partidario y que como tal liquidó la Asociación de Víctimas del Terrorismo, cuando presumiblemente su misión era apoyar, representar y defender sus derechos y reivindicaciones, puede ser cualquier cosa menos tonto como le denomina La Gaceta.

Sus palabras denotan que para este demócrata socialista y otros que piensan como él, la democracia es únicamente patrimonio de la izquierda y me traen a la memoria aquel pronunciamiento de Francisco Largo Caballero, el sindicalista de la UGT que llegó a ser durante escasamente 9 meses Presidente del Consejo de Ministros de de la II República española y que por estar a favor de la Sovietización de nuestro país, llegó a ser denominado popularmente el «Lenin español», en el que manifestó: "Quiero decirles a las derechas, que si triunfamos, colaboraremos con nuestros aliados; pero si triunfan las derechas, nuestra labor habrá de ser doble: colaborar con nuestros aliados dentro de la legalidad, pero tendremos que ir a la Guerra Civil declarada. Que no digan que nosotros decimos las cosas por decirlas, que nosotros lo realizamos"[2].

Al menos, no se le podía acusar de hipócrita, farsante, tramposo, ni embustero como muchos de los que hoy ejercen el poder, cuando pronunció aquellas palabras, ni tampoco cuando más adelante aclaraba explícitamente: "La clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la Revolución".

Las manifestaciones de Peces-Barba ponen de relieve el sustrato que aún subyace en el ánimo la izquierda radical española, en relación con el sentido patrimonial que tiene de lo que ella entiende por democracia, que como se demuestra en el programa socialista, Madrid, 1910, ni creen en ella, ni la asumen, ni la soportan, ni la respetan. En el mismo se puede leer el siguiente comentario: “Es cierto que aspiramos a llevar representantes de nuestras ideas al municipio, a la diputación y al parlamento, pero jamás hemos creído, ni creemos que desde allí pueda destruirse el orden burgués y establecer el orden social que nosotros defendemos”.

En el VI Congreso del PSOE celebrado en Gijón, Pablo Iglesias proclamó: “Queremos la muerte de la Iglesia… para ello educamos a los hombres, y así les quitamos la conciencia… No combatimos a los frailes para ensalzar a los curas. Nada de medias tintas. Queremos que desaparezcan los unos y los otros"[3].

Consecuente con esta afirmación, Pablo Iglesias manifestó que la idea de elevar un monumento en el Cerro de los Ángeles, con el que Alfonso XIII consagraba España al Sagrado Corazón de Jesús era una “locura[4].

Milicianos fusilando la imagen del Sagrado Corazón de Jesús

Con el mismo talante abierto, conciliador y respetuoso para con sus semejantes, en similar sentido se expresó el fundador del PSOE en el Congreso de los Diputados cuando declaró: “El partido que yo aquí represento aspira a concluir con los antagonismos sociales,... esta aspiración lleva consigo la supresión de la magistratura, la supresión de la iglesia, la supresión del ejercito... Este partido está en la legalidad mientras la legalidad le permita adquirir lo que necesita; fuera de la legalidad cuando ella no le permita realizar sus aspiraciones"[5]

Estas y otras afirmaciones del mismo corte, solo se pueden interpretar a la luz de lo escrito por el filósofo francés Denis Diderot: “Del fanatismo a la barbarie, sólo media un paso”. Esa barbarie que produjo el frente popular antes del levantamiento del treinta y seis y que de forma mucho más refinada, pero siguiendo muy parecido guión, paso a paso, está desarrollando el actual ejecutivo español, capitaneado por el Sr. Rodríguez, que pudiera pensarse estar inspirado por aquellas manifestaciones de Francisco Ferrer Guardia[6], aquel socialista de triste memoria que dijo: “No nos interesa hacer buenos obreros y empleados, buenos comerciantes. Queremos destruir la sociedad actual desde sus comienzos”.

Con la Ley de Amnistía, la legalización del Partido Comunista y la aprobación por las Cortes y la ratificación por inmensa mayoría del pueblo español de la Constitución del 78, los españoles de buena voluntad creímos firmemente que, aunque permaneciesen las cicatrices, cerrábamos en ese momento las profundas heridas que nuestra horrible Guerra Civil había producido. Era un acto con el que nos perdonábamos mutuamente el salvajismo que ambas partes habían cometido. Un ejercicio de madurez y generosidad, en el que a partir del mismo, el pueblo español, sin distinción de ideologías, creencias, ni clases sociales, se daba la mano para caminar mirando hacia un horizonte común, basado en la concordia, el entendimiento, el progreso, la paz y el orden social, con el objetivo de conquistar definitivamente el lugar que en el contexto internacional a España le correspondía.

Existía un auténtico espíritu de fe en el futuro y aun a riesgo de repetirme, creo que es mi deber volver a dejar constancia de que jamás podré olvidar aquella conversación en la que el entonces Presidente Adolfo Suárez, por cierto, tan maltratado y silenciado por las altas instancias del Estado y la clase política que le ha sucedido, en la que mirándome fijamente a los ojos, me dijo: “…ya va siendo hora de que los españoles empecemos a querernos”.

Fue ese y no otro, el espíritu que permitió a la dirigente del PCE, Dolores Ibárruri “La Pasionaria”, sentarse de nuevo en el Congreso de los Diputados. La misma que a preguntas del diplomático Félix Schlayer, cónsul de la legación noruega en Madrid, sobre la posibilidad de que las dos mitades de España, separadas una de la otra por un odio abismal, pudieran vivir otra vez como un solo pueblo, respondió: “¡Eso es simplemente imposible! ¡No cabe más solución que la que una mitad de España extermine a la otra![7] o lo pronunciado en un mitin, “Más vale condenar a cien inocentes a que se absuelva a un solo culpable.

El sincero deseo de construir entre todos una España nueva y cerrar la puerta a tan triste página de nuestra historia, es lo que hizo posible volver a España y sentarse también en el Congreso de los Diputados a Santiago Carrillo, ese personaje que estando en el exilio, declaró a la periodista italiana Oriana Fallaci[8]: “Todo el abanico de fuerzas políticas españolas está de acuerdo para derribar al Régimen. De forma pacífica. Y si la derecha no nos ayuda, si el centro titubea, si la acción concordada no se realiza, dentro el plazo que ha dicho, entonces la Dictadura caerá de forma no pacífica. Quiero decir: que nos tendremos que doblar frente a la necesidad de derribarla con la violencia. Con una sublevación popular y contando con una parte del Ejército,”

»Yo soy un hombre político. Soy un comunista. Soy un revolucionario. Y la revolución no me da miedo. He crecido soñándola, preparándola. Pero cuando hablo de revolución no hablo de bombas y de guerrillas: hablo de abolir lo que se llama explotación del hombre por el hombre, hablo de la libertad y de los hombres. Y añado: yo no condeno la violencia, no estoy contra la violencia en cualquier caso. La acepto cuando es necesaria. Y si la revolución necesitara en España de la violencia, como ya la han necesitado en otros países, estaré listo para ejercerla. No podría jamás colocar una bomba bajo el automóvil de Carrero Blanco, pero puede estar segura de que si mañana fuera necesaria una insurrección usted me vería con el revólver en la mano.

»He hecho la guerrilla cuando creía en la guerrilla. Durante nueve años. No sé si soy un buen tirador, pero sé que apuntaba con cuidado: para matar. Y he matado. Y no estoy seguro de que esto me guste, aunque no me arrepiento de haberlo hecho”.

»¿Qué quiere que le diga de Juan Carlos? Es una marioneta que Franco manipula como quiere, un pobrecito incapaz de cualquier dignidad y sentido político. Es un tontín que está metido hasta el cuello en una aventura que le costará cara. … ¿Qué posibilidades tiene Juan Carlos? Todo lo más ser rey durante unos meses. Si hubiese roto hace tiempo con Franco, habría podido encontrar una base de apoyo. Ahora ya no tiene ni ésa, y es despreciado por todos. Yo preferiría que hiciese las maletas y se marchara junto a su padre diciendo: “Remito la Monarquía en las manos del pueblo”. Si no lo hace, acaba mal. Acaba realmente mal. Corre incluso el riesgo de que lo maten".

Como es fácil constatar, es en estas tan conciliadoras y moderadoras ideas, en las que se inspira el espíritu del socialismo al que estamos sometidos y que en el aspecto económico, ha llevado al hundimiento de España para muchos años; a la desmoralización de su tejido social; al punto más bajo de la formación de nuestra juventud que ve como pasan los años y no encuentra horizonte para sus naturales aspiraciones de futuro; a la reapertura indeseada por los españoles de esa brecha que provocó el enfrentamiento entre hermanos; a la destrucción de la estructura empresarial, que tardaremos mucho tiempo en reconstruir; a la invasión política de la justicia que produce la desconfianza y el descontento de los ciudadanos ante la aplicación de la Ley; al ataque constante y permanente a la Iglesia con el único objeto de invalidar y destruir todo principio moral y ético de la sociedad; a eliminar en la práctica la legítima patria potestad de los padres con respecto de sus hijos; a destruir la autoridad propia del magisterio de los docentes; a provocar cinco millones de dramas familiares que ven su vida truncada a causa del paro provocado por los despilfarros de un visionario nostálgico que jamás hubiera debido llegar al poder; a causar la ruina de cientos de miles de emigrantes que invirtieron todo su patrimonio ante el señuelo de los cantos de sirena del milagro económico español y “papeles para todos”, que ahora devolvemos a sus países de origen hundidos en la miseria más absoluta; al desprestigio más rotundo de España en el concierto internacional; a la desmembración incontrolada del Estado, en algún caso con efectos probablemente irreversibles; a la desesperanza, el miedo y el temor de cientos de miles de jubilados que ven como en premio a los esfuerzos de toda una vida, ahora se les castiga cruel e insolidariamente, mientras por otra parte se dilapidan los beneficios que a ellos en justicia les pertenecen, en la creación de castas privilegiadas destinadas a utilizarlas como punto de servil apoyo al régimen establecido, tales como sindicatos ideológicos, titiriteros de la ceja, lobbys y fundaciones de distinta índole y ONGs de muy dudosa utilidad social. Y todo ello, sobre la base de la legitimidad basada en la falsedad, la mentira, la manipulación, el ocultamiento y el engaño permanente y el apoyo de no pocos medios de comunicación que por intereses espurios han olvidado cual su auténtica misión y razón de ser, haciendo de la española, una sociedad enferma, incapaz de reaccionar ante tanta arbitrariedad, atropello e injusticia.

Que ahora, a la vuelta de 35 años quieran relatar de nuevo la historia, como si la Transición hubiera sido una bajada de pantalones de la izquierda; como si la amnistía del año 1977 no tuviera el refrendo de unas Cortes con diputados como Santiago Carrillo y la Pasionaria; como si lo que hemos vivido hubiera sido un sueño, es una inmoralidad que los españoles no nos merecemos.

Claudio Sánchez-Albornoz, socialista y uno de los más notables historiadores españoles, dijo bien claramente que: "El franquismo ha sido un mal menor al lado de lo que hubiera supuesto para España la victoria «republicana» y a su regreso del exilio, el sábado 24 de abril de 1976, a pie de pista en el aeropuerto de barajas, declaró: “Sólo tengo una palabra: paz. Ya nos hemos matado demasiado; entendámonos en un régimen de libertad poniendo todos de nuestra parte lo que sea necesario. Hay que hacer una España nueva entre todos los españoles. No soy más que un viejo predicador de la paz y la reconciliación. No tengo de rojo más que la corbata".

Si el Presidente del ejecutivo español careciese de la insuficiencia intelectual que ha demostrado poseer, jamás hubiese dejado que el pasado atacara al presente, sirviéndose de los implacables recuerdos. Por el contrario, debiera haber aprendido de la frase de su correligionario, el eminente filósofo español Miguel de Unamuno, que dijo: “Procuremos más ser padres de nuestro porvenir que hijos de nuestro pasado”.

Sin embargo y a pesar de todo lo expuesto, al actual ejecutivo le asiste una absoluta legitimidad en base a lo que la mayoría de los españoles decidieron en las urnas en las últimas elecciones generales. Y lo hicieron con pleno conocimiento, puesto que ya existía la experiencia de los excesos acontecidos en la legislatura anterior. No resulta coherente en estos momentos llamarse a engaño y lamentarse de los resultados, porque de aquellas aguas, vienen ahora estos lodos. Está muy claro que el pensamiento imperante entre los españoles, es el mal llamado progresista, si es que a la vista de los resultados, a lo que estamos soportando, se le puede llamar progreso. Parece ser que la mayoría del pueblo español está de acuerdo en que lo importante no es ser demócrata o dictador, sino ser de izquierdas.

César Valdeolmillos Alonso
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[1] La Gaceta”, 7 de mayo de 2010, página 2
[2] El Liberal, de Bilbao, 20 de enero de 1936.
[3] Recogido por Luis Gómez Llorente en su libro “Aproximación a la historia del socialismo español hasta   1921”, Cuadernos para el Dialogo, Madrid,1972, página 169
[4] Ricardo de la Cierva, “Historia actualizada de la II República y la Guerra de España, pag. 25
[5] Diario de Sesiones del 5 de Mayo de 1910
[6] Francisco Ferrer Guardia, terrorista y creador de la Escuela Moderna que tenía como lema "la destrucción del todo" y "Viva la dinamita", calificado por Miguel de Unamuno como "tonto, loco y criminal cobarde", instigador del atentado contra Alfonso XIII el día de su boda, fue considerado principal instigador de los hechos y condenado a muerte.
[7] “Matanzas en el Madrid republicano” (p. 242), del diplomático Félix Schlayer, publicado por Áltera.
[8] Semanario L’Europeo, de Milán, 10 de octubre de 1975


jueves, 6 de mayo de 2010

De engaños y engañadores



“Las grandes masas de gente caen más fácilmente víctimas de las grandes que de las pequeñas mentiras”

Adolph Hitler
Militar y político alemán de origen austriaco



La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que Yahveh Dios había hecho. Y dijo a la mujer: "¿Cómo es que Dios os ha dicho: No comáis de ninguno de los árboles del jardín?" Respondió la mujer a la serpiente: "Podemos comer del fruto de los árboles del jardín. Mas del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: No comáis de él, ni lo toquéis, so pena de muerte." Replicó la serpiente a la mujer: "De ninguna manera moriréis. Es que Dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal." Y como viese la mujer que el árbol era bueno para comer, apetecible a la vista y excelente para lograr sabiduría, tomó de su fruto y comió, y dio también a su marido, que igualmente comió. Entonces se les abrieron a entrambos los ojos, y se dieron cuenta de que estaban desnudos; y cosiendo hojas de higuera se hicieron unos ceñidores. Oyeron luego el ruido de los pasos de Yahveh Dios que se paseaba por el jardín a la hora de la brisa, y el hombre y su mujer se ocultaron de la vista de Yahveh Dios por entre los árboles del jardín. Yahveh Dios llamó al hombre y le dijo: "¿Dónde estás?" Este contestó: "Te oí andar por el jardín y tuve miedo, porque estoy desnudo; por eso me escondí." El replicó: "¿Quién te ha hecho ver que estabas desnudo? ¿Has comido acaso del árbol del que te prohibí comer?" Dijo el hombre: "La mujer que me diste por compañera me dio del árbol y comí."

La Biblia. Génesis III, 1-12

Como claramente se puede apreciar por este pasaje de las sagradas escrituras, el pecado original del hombre se debió a la inocencia de nuestros padres dada la inexistencia del mal en el paraíso. Tan inocentes eran, que ignoraban que estaban desnudos y como consecuencia del espíritu puro que hasta entonces poseían, creyeron de buena fe las palabras de la sierpe, ignorando la gravedad que encerraba la violación del mandato divino.

Si analizamos el hecho con rigor, observaremos que esa violación, no fue una pretensión, propósito o intención que germinase en su interior de forma instintiva y voluntaria, sino que se originó como consecuencia de un argumento falso, aunque aparentemente verdadero, que les indujo a error o engaño: una mentira: La mentira de la serpiente. ¿Acaso no será ese el verdadero pecado original de la humanidad, el cual arrastraremos hasta final de los tiempos?

La disyuntiva de esta hipótesis podría ser merecedora de una profundización filosófica mucho más amplia que por el momento no es el objeto de este trabajo. Sin embargo, lo que sí nos revela de forma incuestionable este pasaje del Génesis, es que la mentira —el arte de jugar con la verdad— el empeño del mal, encuentra su razón de ser en la destrucción del bien y desde la noche de los tiempos, constituye el origen de todas las desventuras sobrevenidas posteriormente al género humano.

A partir de aquel momento bíblico —asimílese esta referencia a los orígenes antropológicos de la humanidad— las sociedades humanas serán ya propiamente políticas y bajo la institucionalización y generalización de la verdad como instrumento de relación entre los hombres, la mentira queda establecida, pudiendo ya impregnar con amplias texturas, todas los capas de la sociedad.

El comportamiento de la serpiente, pone de manifiesto lo que hoy se denomina como ‘inteligencia maquiavélica’, es decir: la aptitud para el engaño y el contraengaño, que a partir de ese momento, constituiría un poder capital en la transformación de la conducta del hombre al inducirle tanto a imaginar mundos irreales, como a representarse el mundo desde un punto de vista distinto al existente. Es un comportamiento nuevo destinado a derrotar un esquema previo de conducta, una situación establecida o una realidad histórica.

No obstante, la mentira como acto social, no puede prescindir de la aberración del que, creyéndose poseedor de la verdad, la ignora. La mentira tiene las patas cortas ante la verdad dominada por el otro, pero camina ligera en los vastos campos de la credulidad del engañado, mostrando vislumbres de un inexistente resplandor proyectado; sombras interpretadas a la luz de una imagen falsa y deformada de la verdad, pero que no es la verdad misma. Solo al poeta, le es lícito usar la farsa por su carácter flexible para hacer entender lo que él imagina mas allá de los hechos ciertos.

Este comportamiento de alteración artificiosa de la verdad, como hace el enredador ilusionista, de hecho tiene por objeto inducir a las mentes menos ilustradas de la sociedad, a dar por cierto un contradiseño destinado a transformar la situación existente. Tal conducta, concebida con el fin de engañar a los demás, al igual que el camaleón, precisa de un gran poder de adaptación a las circunstancias cambiantes, con el fin de desactivar una realidad palpable por una situación irreal y engañosa.

Conviene señalar que el engañador, no sólo se finge ante los demás, sino también ante sí mismo, un acontecimiento inexistente. Pero distingamos que el hecho de fingir ante uno mismo, es por completo distinto a la de engañarse a sí mismo. Manejar una hipótesis cualquiera significa fingir durante cierto tiempo la verdad de una declaración cuya certeza desconocemos o se nos antoja improbable; sólo que, a diferencia del autoengaño, en todo momento sabemos que estamos fingiendo.

La impostura es una actitud embaucadora y charlatana propia de tahúres, fulleros y tramposos que exige una sobreactuación, al tiempo que presenta una imagen ennoblecida de sí mismo. Paralelamente y en un orden inverso, precisa de la ocultación de aquellos aspectos íntimos que pudieran mostrar una imagen negativa, depreciada, incluso opuesta a la que se ostenta, hasta el punto de que si estos se descubriesen, la persona que así actúe, sería irremisiblemente condenada a la inaceptación. Por ello y como blindaje de autodefensa ante este posible riesgo, es harto frecuente comprobar, como la cara más oculta e innoble del impostor, este la atribuye impúdicamente a personas de su entorno, normalmente rivales, adversarias o competidoras del mismo.

En el guante de Doña Blanca, Lope de Vega dice: "Que no hay tan diestra mentira, que no se venga a saber". Y lo peor es que las mentiras de estos pagados de sí mismos, con harta frecuencia no solamente no son diestras, sino que revelan una tosquedad, que si no fuera por la gravedad de las consecuencias que pueden acarrear, moverían a una hilaridad delirante.

Pero no nos engañemos, porque más allá de toda consideración moral, aquellas personas que hacen de la mentira la base y sustento de su proceder, han de ser maquiavélicamente inteligentes en su puesta en escena. Quien miente ha de pensar más que quien dice la verdad, pues por fuerza debe afianzar la coherencia de sus argumentos, controlar sus emociones y prestar atención a sus propios movimientos para no delatar su verdadero pensamiento, ya que de no acertar en el elogio de sus maniobras y jugarretas sin que los demás se aperciban de su hipocresía, sus palabras y sus actos pueden causar un efecto contrario de rechazo y terminar siendo objeto de la rechifla y mofa de quienes les escuchen, con el consiguiente descrédito y deshonra de su persona, pues quien miente en una cosa, faltará a la verdad en todas.

Generalmente estas actuaciones las protagonizan aquellas personas que están obsesionadas en negar deliberadamente la verdad efectiva y hacen de la mentira su afán cotidiano con la intención de cambiar un determinado estado de opinión.

Desde que Odiseo concibió la estrategia engañosa que encerraba el caballo de Troya, con la que los crédulos troyanos introdujeron al enemigo dentro de sus murallas causando con ello su propia destrucción, durante tres milenios y hasta nuestros propios días, los astutos y malintencionados cabecillas de la sociedad, han venido aplicando con notorio éxito por cierto, el elogio de un meditado y fraudulento talante bondadoso —como medio de enmascarar los intereses propios— y de este modo conseguir engañar a los ingenuos faltos de reflexión. Es la eterna emboscada de la astucia hipócrita, frente a al cándido e inconsciente idealismo.

Aparentemente, estas artimañas nos pueden parecer tan burdas como inverosímil el hecho de que puedan dar resultado, pues ‘pensar lo que no es’ resulta tan irreal como ‘ver lo que no hay’. No obstante, no debemos perder de vista de que sobre base tan tosca, pueden construirse sin embargo verdaderas obras de arte que nos hagan ver el día, noche y lo blanco, negro. Los hombres astutos como Odiseo son engañadores, no por simplicidad o insensatez como a primera vista, cándidamente pudiésemos creer, sino sobre la base de su maligna inteligencia. En este punto, no nos debe caber la más mínima duda de que saben perfectamente lo que hacen, y por eso obran taimadamente en punto a veracidad.

Es frecuente escuchar como a estas personas que niegan la realidad palpable y de forma impúdica y desvergonzada la sustituyen por la más grotesca e increíble de las mentiras, se les califica de forma irreflexiva de locos, ignorantes, incapaces o ineptos. Pienso que esta una forma instintiva y precipitada de apreciación. Sobre este punto, no estaría demás recordar el diálogo entre Sócrates e Hipias, cuando éste último, ante la afirmación socrática de que el mentiroso es un hombre inteligente y superior, se rebela, indignado y pregunta: “¿Cómo es posible que los que cometen injusticia voluntariamente, los que maquinan asechanzas y hacen mal intencionadamente, sean mejores que los que no tienen esa intención?” “Sería horrible, Sócrates, que los que obran mal voluntariamente, fueran mejores que los que obran mal contra su voluntad”

Sócrates al confesar su indecisión sobre la cuestión planteada, no solo no resuelve el dilema, sino que lo ahonda.

El aspecto más turbador de este callejón sin salida es su conclusión lógica: admitir la superioridad de quien miente con ocultas y taimadas intenciones, sobre quien simplemente se equivoca.

El aparente contrasentido de la conclusión a la que llegan Hipias y Sócrates, radica en que tanto uno como otro, al aceptar el concepto de superioridad, no distinguieron entre la supremacía intelectual y la excelencia moral, hecho que tan decisivo resulta en el caso que nos ocupa.

Al obrar como lo hizo la serpiente del paraíso, se revela la superioridad inmoral de quien actúa mal a conciencia, a diferencia de quien actúa mal por ignorancia. Es ésta una conclusión certera, aunque de inaceptables consecuencias éticas y morales. Esta diferenciación, hemos de tenerla muy presente en el momento de analizar las palabras y los hechos de las personas que así obran, ya que seducir a los hombres que no poseen la capacidad suficiente de apreciar el intelecto, sea propio o ajeno, es una práctica corriente cuando la incultura consigue su exaltación gracias al apoyo de quienes gobiernan un país.

Hay una sentencia que dice que la rosa no florece en el pantano, lo que nos viene a indicar que la miseria, es el campo fértil en el que anida el mal. El mal, hijo poderoso del rencor, es la peor consecuencia de la propia incapacidad y del conocimiento de nuestra propia insolvencia, nace el miedo. De ahí que quienes causan el mal conscientemente, no lo hagan porque sean fuertes, sino por todo lo contrario. Es entonces cuando para lograr los intereses bastardos perseguidos, sustituimos nuestra insuficiencia por la hipocresía y la falsedad, ocultándolas tras la máscara de la ingenuidad, que es la mayor de las maldades.

PD.- Cualquier semejanza o paralelismo que de las ideas expresadas en este artículo pueda establecerse con situaciones o personas conocidas, obedecerá a la exclusiva interpretación que el lector haga de las mismas.

César Valdeolmillos Alonso