Yo no quito el crucifijo

jueves, 17 de febrero de 2011

La esclavitud del Siglo XXI




«No podemos pedir a los jóvenes ilusión y motivación si la sociedad no es capaz de ofrecerles las condiciones necesarias para que puedan planificar y desarrollar sus vidas y su trabajo con confianza y seguridad en el futuro.»
Felipe de Borbón y Grecia
Príncipe de Astúrias y de Gerona





De la inmensa floresta que a diario nos ofrece la actualidad, aun a riesgo de reiterarme en el tema, he vuelto a elegir quizá el más lacerante para cualquier ser humano en edad laboral. El paro.

¿Cuántas veces se nos ha hablado de los brotes verdes? ¿Cuántas veces se nos ha dicho que la crisis estaba tocando fondo? ¿Cuántas veces hemos oído decir que empezábamos a remontar? ¿Cuántas veces se nos han hecho concebir falsas esperanzas? Y lo que es peor. ¿Cuántas veces hemos creído todo esto porque España no se merecía un gobierno que le mintiera?

Pero no hay nada más inapelable que la realidad. Y la realidad es que una vez más, el paro en España ha seguido creciendo, alcanzando las cifras más altas de su historia. En el pasado mes de enero, 130.930 trabajadores se fueron a sus casas con el drama dándoles dentelladas en el alma. Nos estamos acercando a los cinco millones de parados.

Podría enredarme en el laberinto de las cifras, hacer múltiples interpretaciones, argumentar lo que no es argumentable, pero no quiero perderme en la frialdad de los números o porcentajes. Es mucho más trascendente ahondar en la significación moral de los hechos, porque el parado es un ser humano, no un guarismo más perdido en el marasmo de las estadísticas; el parado tiene nombre y apellidos; es una persona con necesidades perentorias inexcusables, con proyectos de vida que ahora se ven truncados, en muchos casos para siempre; cada renglón relleno en las listas de desempleados, es una vida con ilusiones, con aspiraciones que no tienen que ser solamente económicas. Cada línea escrita en ese libro maldito que nunca se debió escribir, es una tragedia, un hogar hundido, una existencia mutilada, con frecuencia multiplicada por dos o por tres, porque cuando el miembro de una familia se ve sumido en está terrible situación, no solo le afecta a él. Todos los integrantes de su hogar se ven afligidos por la desgracia, e incluso algunos, como los hijos en edad de formación, pueden ver amputados sus anhelos para toda la vida.

Nos lamentamos de los botellones; de la indiferencia que por los problemas sociales muestra una importante mayoría de nuestra juventud; de su alejamiento e incredulidad ante la política y los políticos; de su falta de ideales; de su pasividad ante la realidad general en la que están insertos. Ante un horizonte que vislumbran bastante más que incierto; ante los diarios ejemplos que una significativa parte de cínicos políticos que a diario solo les ofrecen engaños, ocultamientos, falsos proyectos y mentiras, ¿Nos puede extrañar que nuestra juventud, en medio del desánimo que les invade, dé la espalda a aquello que sus mayores les estamos dejando como herencia?

Afirma don Felipe de Borbón y Grecia, Príncipe de Asturias, que «No podemos pedir a los jóvenes ilusión y motivación si la sociedad no es capaz de ofrecerles las condiciones necesarias para que puedan planificar y desarrollar sus vidas y su trabajo con confianza y seguridad en el futuro.»

La juventud ama la vida y lo que tenemos que ofrecerle es la oportunidad de desarrollar sus aptitudes, de dar forma a su propio futuro, independizarse y madurar como personas. Al contrario de lo que por naturaleza ellos esperan, quienes rigen nuestros destinos se dedican a cerrarles todas las puertas. Un cuarenta por ciento de esos casi cinco millones de parados son jóvenes a los que se les ha hipotecado su futuro. El pacto de la reforma de pensiones supone la inviabilidad del mañana de la juventud española.

En vez buscar soluciones a los problemas que la evolución social nos está demandando claramente, los altos dirigentes se dedican a parchear en función de sus intereses personales y políticos consolidando el sistema y las desigualdades, haciéndolas aún más poderosas y estables. Los cuenta cuentos de turno, nos consideran analfabetos y utilizan grandilocuentes conceptos como el de "cohesionar a la sociedad", que no es mas que un encubierto intento de embaucarnos para lograr la aceptación de sus consignas.

Quienes ejercen el poder, demuestran cada día su absoluto desprecio por cualquier otra forma de pensar que no sea la suya.

Como en tantas otras cosas, estamos a la cola de los estados occidentales en el rendimiento escolar, a causa de unos planes educativos fracasados hace muchos años en otros países. Planes que al prescindir de materias vitales en la formación total de la persona; al ignorar las bases y fundamentos de nuestra cultura, impiden el desarrollo integral del intelecto, convirtiéndonos en elementos aptos para conducirnos dócilmente a través de su propaganda falaz.

Como consecuencia de este proceder, nuestra juventud está pagando un impuesto muy alto, más doloroso y duro que la de las naciones más adelantadas. Un impuesto de soledad y pesimismo, que descorazona no solo a quienes la soportan y padecen, sino a los que con afecto nos miramos en ella, porque mañana habrá de ser la llamada a dirigirnos y protegernos.

El pensamiento y palabras de Josep Pla, mantienen hoy toda su vigencia, y aplicándolas a la situación actual bien podríamos afirmar que como consecuencia de la sectaria ambición de los políticos, nuestra juventud ha estudiado menos de lo que le era preciso para su perfeccionamiento. Y como está absolutamente demostrado que las cosas no se improvisan, que la formación del ser humano es el resultado del aprendizaje, de la dedicación, del estímulo y el esfuerzo; que no hay genios ignorados, ni milagros humanos detrás de las esquinas, ahora nos enfrentamos con una inmadurez cultural, cuyo costo habremos de pagar durante generaciones.

El más preciado patrimonio que puede atesorar un pueblo, es una culta juventud. Lo contrario le conducirá irremisiblemente a la carencia de recursos frente al progreso, situación que provocará —como ya se está demostrando— el éxodo de los más preparados. Todo ello conllevará la falta de puestos de trabajo y consecuentemente, indigencia, miseria y pobreza que nos situará a merced de los países más desarrollados. Una situación que asegura y perpetúa el estado de privilegio de una élite política que no conducirá a ciudadanos, pero sí tendrá a su merced a un sumiso rebaño de súbditos. Esta es la esclavitud del Siglo XXI. Y es que como decía el senador demócrata Robert Kennedy: “El futuro no es un regalo, es una conquista”.



César Valdeolmillos Alonso

viernes, 28 de enero de 2011

Esperpento Nacional



“Si el pensamiento corrompe el lenguaje, el lenguaje
también puede corromper el pensamiento”
            George Orwell
Escritor y periodista británico



Cuando el escritor argentino Jorge Luis Borges decidió llevar a su compañera María Kodama a que conociera Granada, ciudad de la que era un enamorado, al llegar al mirador del jardín de los Adarves, María se detuvo inquieta y angustiada al leer la placa de cerámica en el lugar colocada y cuyo texto reza así: “Dale limosna mujer, que no hay en la vida nada, como la pena de ser ciego en Granada”. Borges, que la había leído en su juventud, percibió inmediatamente su temor y con una inmensa ternura y refiriéndose a la ascendencia japonesa de María, cogiéndole la mano, le dijo: “No te sientas mal. Tú me la enseñarás con los ojos de otro Oriente". El escritor ciego, había captado el mudo mensaje de su acompañante.
Este pasaje de la vida de Borges, nos demuestra que no puede entenderse la existencia del ser humano como una  isla solitaria en medio del océano. El “yo”, no tendría sentido sin la presencia del “tú”. Pero tampoco tendría sentido contemplar al “yo” y al “tú” de forma aislada y sin conexión alguna, por lo que el contexto existente nos lleva forzosamente a considerar como una única realidad, el “nosotros”. Esta es la esencia que nos confiere una dimensión social que nos induce a relacionarnos. No sería posible el funcionamiento de las sociedades humanas sin la existencia de la comunicación.
Comunicar, significa transmitir ideas y pensamientos con el objetivo de ponerlos "en común" con otras personas. Cuando transmitimos un mensaje, lo hacemos con la intención y el deseo de que pueda ser entendido por aquel a quien va dirigido. Procuramos hacerlo en la forma y el modo en que el mismo pueda ser comprendido más claramente.
Para ello, los humanos hemos concebido una serie de mecanismos a los que hemos denominado como “lenguaje”, medio del que disponemos para desarrollar esa relación, por medio de la cual, nos transmitimos pensamientos, ideas, valores, educación, sensaciones y sentimientos.
El lenguaje no solo se circunscribe a una serie de sonidos emitidos o signos escritos. Nuestra capacidad para la relación social, nos permite expresarnos a través de muy diferentes vías, como puede ser el gesto, la mirada, el contacto corporal, la actitud y hasta por los silencios, como queda demostrado en el pasaje que hemos reproducido del escritor Jorge Luis Borges.
La lengua es la base de la comunicación entre los seres humanos. El vocablo comunicación emana del latín "comunis", que significa "común". El ser humano, nace, se desarrolla y crece en comunidad. Todo lo que llamamos “vida” o “existencia”, nos llega a través de otros: los cuidados de la infancia, el aprender a hablar, la formación como sujeto, la amistad, los afectos. No podemos definirnos sin contar con los seres con los que nos relacionamos.  Es innegable por tanto, que la calidad de la existencia, depende directamente de la calidad de las relaciones que establecemos.  De hecho, eso que llamamos “calidad de vida”, fundamentalmente, es una consecuencia de la “calidad de relaciones”.
En suma: comunicarse es  superar dificultades, eliminar obstáculos y allanar el camino que conduce del “yo” al “tú”.
Si en algún lugar deben aplicarse en profundidad, con rigor y sensatez estos principios, es en las instituciones públicas y especialmente en el Parlamento, lugar que la democracia ideó para parlamentar —de ahí procede su nombre—, para hablar, para intercambiar ideas. Las cámaras legislativas, son la sede de la intercomunicación de pensamientos, teorías, y proyectos, y con la aportación de sus miembros, lograr su perfeccionamiento para la aplicación de los mismos. Pero este objetivo difícilmente puede lograrse si el exponente no logra transmitir a sus interlocutores, por todos los medios que facilita la comunicación, la evidencia y seguridad en lo que se dice y de quién se expresa.
Pero claro, en un mundo en el que la globalización es un hecho incuestionable e inevitable, España sigue siendo diferente. Inexplicablemente y contra lo que dicta el más mínimo sentido común, aplicando el criterio más mezquino y miope de todo aquello que facilita el desarrollo y progreso de un
país, nadamos contra corriente y así nos va.
Con independencia de las diferencias ideológicas, aquí en vez de tender puentes, levantamos murallas, obstaculizamos el entendimiento y torpedeamos la comunicación, adoptando medidas tan patéticas y esperpénticas, como la de utilizar intérpretes para traducir idiomas —que solo son cooficiales en las comunidades autónomas en donde se utilizan por unas minorías— cuando la totalidad de los españoles, hablamos y nos entendemos en un idioma común que es utilizado por seiscientos millones de seres humanos en todo el mundo: el Español.
Y ello, con el evidente menoscabo que siempre comporta la mediación de un intérprete, que según su cultura y profundidad en el conocimiento del idioma, amén de mudar a veces el verdadero y exacto sentido de una frase, de un vocablo, de un concepto, su participación, inevitablemente resta frescura, espontaneidad, nervio y viveza al debate. Es decir: convierte el mismo en una farsa mal escrita, peor representada y difícilmente entendida.
Nuestros políticos, por causa de los espurios intereses de partido, dan la espalda a la lógica e ignoran interesadamente que la lengua es el medio natural de unión y conocimiento entre personas y no un elemento de separación, que al final no da otro fruto que el aislamiento y con él, el empobrecimiento  cultural y económico de un pueblo.
Pero hay una élite minoritaria, alimentadora de falsos nacionalismos, que para seguir usufructuando sus arraigados privilegios personales, siguen buscando en las lenguas un pretexto que los difieran del resto.
En el transcurso de los tiempos, la lengua nunca ha sido fundamento homogeneizador que de origen a una nacionalidad, ni identidad étnica alguna. El ejemplo lo tenemos en el inglés y el español que lo hablan cientos de millones de seres humanos y por esa causa no se sienten miembros de una unidad étnica, ni en la necesidad de considerarse miembros de una sola nación. Por tanto, este argumento no puede servir de sustento para aplicar ningún tipo de discriminación. Por el contrario, los anales de cualquier población, son consecuencia y demostración activa de una permanente mezcla entre pueblos y como consecuencia, de la diversidad enriquecedora en todas sus expresiones: racial, lingüística, tradición, legal y en no  menor grado, idiosincrasia. Como apéndice de estas reflexiones, incluimos numerosos ejemplos de países que como en Suiza, coexisten en perfecta concordia distintos idiomas sin que exista una lengua específicamente nacional, lo que no conlleva el más mínimo peligro para su desintegración. ¿Le vamos a negar por ello el concepto de nación?
Peter Moser, el que durante largo tiempo fuera presidente de las Cámaras alemanas, declaró a este respecto que un prusiano es totalmente diferente a un bávaro, lo que no es obstáculo para que ambos se sientan profundamente alemanes. Del mismo modo, hay catalanes muy flamencos como Peret y andaluces muy insípidos y anodinos, a cuyos prototipos, por cortesía, renuncio mencionar.
Creo suficientemente demostrado que la lengua no es un fundamento válido en el que  basarse para reivindicar privilegios diferenciadores y excluyentes entre hijos de un mismo estado.
Pero no nos engañemos. El esperpéntico espectáculo que España está dando ante el desconcierto de todo el mundo, con la instauración de traductores en el Senado —Cámara que por cierto no sirve para nada— para políticos de medio pelo que se entienden en un idioma común, que es el español, se debe a una demostración de fuerza y poder por parte de los partidos nacionalistas, gracias a una Ley Electoral que hace muchos años que debiera haberse modificado y que si no se ha hecho, ha sido a causa del complejo y los mezquinos intereses electoralistas de los dos grandes partidos ¿nacionales?.
Quizá el ciego escritor argentino, Jorge Luis Borges, para no ver hechos tan grotescos como estos, eligió Suiza para descansar. Y es que cuando él estudió en dicho país, quedó marcado para siempre por el respeto que presidía el comportamiento de su sociedad y el acto de fe y de inteligencia que demostraron sus habitantes, al fundar un país en el que conviven en paz, distintas religiones y diferentes lenguas.

César Valdeolmillos Alonso
Apéndice
1. Un número considerable de los países del mundo tienen una o más lenguas oficiales definidas. Algunos tienen un único idioma oficial, como en los casos de Albania, Alemania o Francia (aún cuando existen en el interior de su territorio otras lenguas nacionales).
2. Algunos estados tienen más de una lengua oficial en la totalidad o en parte del territorio, como es el caso de Afganistán, Bélgica, Bolivia, Canadá, España, Finlandia, Italia, Perú, Sudáfrica y Suiza, entre otros.
3. Algunos, como los Estados Unidos, no tienen una lengua oficial explícitamente declarada, pero sí está definida en algunas regiones. En el caso de Estados Unidos se impone el inglés como la lengua de uso cotidiano y de instrumento en la enseñanza.
4. Otros como México tienen multitud de lenguas oficiales con la misma validez legal en todo el territorio, generalmente la lengua que más se hable se consideraría oficial de facto para los extranjeros.
5. Finalmente hay algunos países como Eritrea, Luxemburgo, Reino Unido o Tuvalu que no tienen definida una lengua oficial.
Como consecuencia del colonialismo o del neocolonialismo en algunos países de África y en las Filipinas las lenguas oficiales y de la enseñanza (francés o inglés) no son las lenguas nacionales habladas por la mayoría de la población. Se pueden dar algunos casos como resultado del nacionalismo, como en la República de Irlanda donde la lengua oficial (el irlandés) es hablado sólo por una pequeña porción de la población, mientras que la lengua secundaria que goza de un estatus legal inferior, el inglés, es la lengua de la mayoría de la población, u al revés, como en Filipinas donde una de las lenguas oficiales (el inglés) es hablado sólo por una pequeña porción de la población, mientras una lengua no oficial que goza de un estatus legal inferior, el español, es la lengua de la mayoría de la población, junto con el Filipino.

domingo, 16 de enero de 2011

Castración de la esperanza


"A menudo se echa en cara ante la juventud el creer que el mundo comienza con ella. Cierto.
Pero la vejez cree aún más a menudo que el mundo acaba con ella. ¿Qué es peor?"
Christian Friedrich Hebbel
Poeta y dramaturgo alemán


A mi nieta Irene


Nos encontramos en los albores de un nuevo año. Un libro con las páginas en blanco y que nosotros, solo nosotros, seremos los encargados de escribir con nuestras palabras —verdaderas o falsas— y con nuestros actos. Tenemos frente a nosotros un lienzo inmaculadamente blanco en el que imaginamos imágenes maravillosas que nosotros deberemos pintar. Que más da que sea un lienzo o un libro; en definitiva es una ventana abierta a la esperanza. Fuera de esa ventana aún no hay nada, pero tenemos la ilusión de hallar ese paraíso ideal que todos anhelamos y al que llamamos futuro. Un futuro que habremos de hacer realidad entre todos y cuyo motor principal generador de energía —como siempre ha sido en la historia de la humanidad— debería encontrar su origen en nuestra juventud.

Recientemente, mi nieta de veinte años que cursa su segundo año de estudios universitarios, me mostraba gozosa un trabajo realizado conjuntamente con un grupo de compañeros. El mismo se me reveló como un hermoso fruto, del que se desprendía la fresca fragancia que emana siempre de la juventud; era la enriquecedora cosecha producida por la aportación de cada uno de los miembros del equipo; la obra que proyectaba la ilusionante alegría y multicolor luminosidad con que la mocedad contempla siempre el futuro; era la suma de una conjunción de esfuerzos y voluntades de la que se desprendía la incontenible pujanza y vivacidad propias de los espíritus con vocación de conquistar el infinito, de tenerlo a su alcance.

Sentí alegría y admiración por tantos y tantos grupos de jóvenes, que como este, se aplican con decisión y entusiasmo a construir su futuro adquiriendo esos conocimientos que mañana les serán necesarios, no solo para consolidar su medio de vida sino para ser útiles a la sociedad, y al mismo tiempo, pensé en el oscuro y dudoso futuro que tienen en el horizonte.

Los jóvenes son conscientes de esta situación. De hecho, un 62% declaró en una reciente encuesta que «la crisis económica actual tendrá un impacto muy negativo en su futuro profesional y personal». Un 46,3 por ciento de la generación comprendida entre los 15 y los 24 años, declaró su falta de confianza en un futuro prometedor y más de uno de cada tres, considera que: «por muchos esfuerzos que hagan en la vida, nunca se conseguirán lo que se desean», a lo que añaden su falta de confianza en un futuro prometedor, independientemente de la crisis.

Para la casi totalidad de los jóvenes —el 92%—, el ocio es bastante o muy importante, porcentaje similar a la significación que dan a las amistades, los estudios e incluso a la formación y competencia profesional, amén del proyecto vital indispensable sobre el que construir su vida, que es la emancipación. Con respecto a los problemas que amenazan su futuro, se encuentran en primer lugar el paro, seguido de otros aspectos como son: la droga, la vivienda, la inseguridad ciudadana y en general, la falta de un horizonte claro y definido.

Muy oscuros nubarrones son los que amenazan a nuestros jóvenes que pueden ver agostados sus sueños antes de que aparezca la flor sus frutos. ¿Pero quienes les han conducido a esta desalentadora situación? No recurramos a ese concepto etéreo e intangible—tan socorrido cuando no queremos enfrentarnos con la auténtica verdad—al que denominamos sociedad. Eso sería ponernos de perfil y mirar hacia otro lado. Los responsables de que hayamos llegado a la actual situación —unos en mayor medida que otros— son los partidos políticos y todos los gobiernos habidos desde la transición hasta ahora.

Antes que de solventar los problemas que nos agobian y nos asfixian —salvo escasas y honrosas excepciones— los políticos solo se han preocupado por el dinero y la situación de privilegio que les proporciona el poder; creen ser algo sin serlo; no solamente ignoran las dificultades por las que atraviesa la población, sino que con sus visionarias e interesadas ideologías, van cercenando progresivamente nuestras libertades individuales, nos hunden en situaciones insostenibles que estrangulan nuestro futuro y nos sumergen por décadas en la sima del atraso y el subdesarrollo.

Uno de los temas más alarmantes para cualquier ciudadano preocupado por el futuro, es sin duda la formación de nuestro país, paladín del fracaso escolar, líder del desempleo, número uno en falta de preparación técnica a cualquier nivel, campeón en desconocimiento de otros idiomas y triunfal sostenedor de la desmotivación de nuestra juventud. Buen palmarés el de nuestros políticos que se creen seres superiores sin ser dignos de nada.

Pero ¿Dónde está hoy la rebeldía natural de la juventud? ¿Dónde esta la nobleza en la que anida el deseo de justicia, el afán de la superación, el espíritu de renovación, la curiosidad por lo nuevo?

El hecho de que cerca del 80% de los jóvenes españoles consideren como su máxima aspiración el ser funcionario, deja ya claro que en nuestro país está fracasando la libertad, la capacidad creativa, la iniciativa personal, el espíritu de superación y en definitiva, el deseo de conquistar un porvenir más prometedor que la realidad actual que nos rodea.

Al parecer, por los tiempos que corren, la desesperanza se ha adueñado de una juventud que en el siglo XXI, es depositaria de un legado saturado de decepciones. Ser joven ahora, es padecer a consciencia el desengaño, el fracaso, la frustración, la falta de sueños, de héroes, el dejamiento que produce el miedo a la equivocación, la amargura y la vacilación, la retracción ante el problema y el ansia de la seguridad existencial que el consumo y la uniformidad ofertan; ser joven no es una cuestión de edad. Ser joven, es conservar viva la ilusión en el alma y despierta la capacidad en el espíritu para soñar; es vivir con intensidad y lleno de fe el corazón.

Pero estos son otros tiempos; la juventud se malogra apenas aparece en ese momento en que la actividad y la sana búsqueda de sí mismo se desata. Nos han implantado un sistema de regulación que ordena y mitiga toda búsqueda de autenticidad, hay una desorientación frontal de los jóvenes del no saber qué hacer con su innato brío vital. La juventud anda desorientada en un mundo virtual y ficticio sin coordenadas propias, desbordante de leyes impositivas y disciplinarias, que bajo la apariencia de falsas libertades, no son otra cosa que patológicos e inviables afanes de igualitarismo, bridas contra la originalidad, la crítica y la resistencia.

Nuestra juventud es acosada por un estilo de vida impuesto desde el poder, sumida en el anonimato de las estadísticas, inmersa en la erotización de una sociedad cuyo valor preferente es el del ocio, dominada por el desencanto de la realidad cotidiana, urgida por la premura de la tenencia y angustiada por la incertidumbre del porvenir. Todo ello produce como fruto un avejentamiento prematuro de su espíritu. ¿La causa? La monótona responsabilidad periódica de cumplir con la abrupta tarea de encontrar su lugar en la sociedad. Son estas y no otras las causas que llevan a nuestra mocedad a olvidar los nobles ideales que siempre fueron su bandera.

En las actuales circunstancias, nuestra juventud está condenada a vivir en el “ahora”, algo tan efímero que reduce la realidad existencial, porque cuando desaparece el horizonte para extender la acción y su creación, la vida se acorta. Un ahora sin pasado y sin porvenir, es sólo un instante, un suceso fracturado en el tiempo.

Vivir solamente el ahora, supone la ruptura histórica de ignorar al pasado; permanecer en la perspectiva de la inmediatez, no perseguir sueño alguno por la falta de proyecto, por lo que se espera ser y por lo que se debería esforzar cada cual y todos en comunidad.

Deberíamos meditar muy seriamente sobre la posible recomposición, reintegración o reordenación de la vida, pero ello únicamente en función de que nuestra propia existencia vuelva la cara hacia las bondades de la juventud y hacia la responsabilidad y acciones basadas en la prudencia que requiere madurez para comprender —no lo que sobreviene o lo previsible— sino lo que humanamente es posible hacer, es decir, el porvenir. Un porvenir que sólo es viable si está cimentado en una vocación racional conjunta, esforzada, desinteresada y esperanzada de la juventud que es la llamada a sostener el empeño y la indiscutible alegría de ser y hacer, de crear y creer constantemente en la generosidad de los días, en el cultivo de la amistad, en la cercanía de los seres amados, en el empeño por un mejor vivir, en la eroticidad misma de la existencia que lucha y protesta contra un régimen de vida sometido por las forzosidades impuestas. Y un joven sin alegría y sin esperanza, no es un joven auténtico, sino un hombre envejecido antes de tiempo. Por ello cuando la juventud pierde entusiasmo, el mundo entero se estremece. Por ello, como quiera que en los últimos años hemos dilapidado el inconmensurable activo que constituyen dos generaciones, deberemos de ser nosotros, las generaciones maduras quienes les estimulemos a volar aunque no tengan alas, porque ni los músculos doloridos, ni los huesos cansados por la edad, son capaces de quitarle la frescura a unos corazones enamorados de la juventud.

Tal vez algún día dejemos a los jóvenes inventar su propia juventud.

César Valdeolmillos Alonso.

jueves, 6 de enero de 2011

¿Y por qué no?



“La ilusión es la hermana menor del desengaño”
Oliver Wendell Holmes
Médico y escritor estadounidense


Hago referencia a esta cita, porque estamos en época de celebrar la festividad que simboliza a un tiempo la mayor de las ilusiones y el primero de los grandes desengaños de la cultura occidental: La conmemoración de los Reyes Magos.

Para un niño, no hay noche que encierre mayor ilusión que esa en la que ha de acostarse temprano, dejar los zapatos bien lustrados con un dulce en su interior y una copita para refrigerio de Sus Majestades, sin olvidar algo para los sufridos camellos, que en sus alforjas, portan los sueños de todos los niños del universo.

Pero ¿Quiénes fueron esos reyes si es que fueron? Y si fueron ¿Cuántos fueron? Por los presentes que nos dicen las escrituras evangélicas que ofrecieron al recién nacido, cabría deducir que pudieron ser tres, en el supuesto de que cada uno portase una ofrenda y las mismas no fueran una dádiva conjunta. ¿Eran reyes, sabios, magos, astrólogos? ¿Eran todo a un tiempo o nada? ¿Si eran reyes, cuales eran y en que lugar del universo se asentaban sus reinos? No eran adivinos, pues de haberlo sido, no hubieran tenido necesidad de preguntarle a Herodes, con las graves consecuencias que para los inocentes, tuvo su visita al tetrarca. Pero puede que fueran tan sabios, tan sabios, que ellos, y solo ellos, supieron ver al Hijo del Altísimo, donde los demás no vieron más que a unos parias dentro de un establo, con un recién parido entre dos bestias: el burro, el animal más humilde del mundo, que simbolizaba la servidumbre con que hacia la humanidad se acercaba el mismo Dios hecho hombre y el sufrido buey, que con su aliento, le daba el calor que le habían negado los hombres.

Son pocas las referencias que de vosotros, queridos Reyes Magos tenemos, pero en cualquier caso, lo que sí se puede afirmar, es que constituís todo un símbolo. Todo en vosotros constituye una mítica alegoría. Es un símbolo el oro que ofrendasteis al recién nacido, metal que para los alquimistas representaba la luz del sol y por tanto fuente de energía y de toda vida; es un símbolo el incienso con que le homenajeasteis, sustancia que se usaba en las ofrendas religiosas orientales en el momento de la meditación o de la plegaria, ya que el fuego purificador, elevaba el humo hasta el cielo, donde los dioses podían escuchar con mayor atención las peticiones que se les hacían; es un símbolo la mirra que le ofrecisteis y con la que le deseabais fortuna espiritual y eterno amor en la emblemática boda que en ese momento establecía el Sumo Hacedor con su propia obra; vuestras distintas razas y procedencias, constituyen el símbolo de la universalidad del recién nacido y hasta vuestras diferentes edades, configuran el símbolo que abarca la eternidad de los tiempos inherente al Creador y su obra.

Por todo ello, quienes bebimos en la fuente de la cultura Occidental, en este tiempo, elevamos nuestras manos hacia ese mundo mágico y desconocido que nos permite acariciar una ilusión.

¿Quién, cuando era niño, no ha tenido la ilusión de hacer un débil castillo de naipes y ha sufrido el desencanto de ver como se le venía abajo? Sin embargo, a pesar de todas las decepciones que sufrimos en el transcurso de nuestra vida, acaso porque el presente no exista y solo sea un punto entre la ilusión y la añoranza, es por lo que aun siendo adultos, necesitamos seguir sintiéndonos niños y no ver las cosas como son. El progreso hacia el camino de la perfección, no sería posible si viendo cosas que aún no son, no nos dijéramos ¿Y por qué no? Porque como decía el dramaturgo Víctor Hugo, “El alma tiene ilusiones como el pájaro tiene alas; y esas ilusiones son las que la sostienen”.
César Valdeolmillos Alonso

jueves, 30 de diciembre de 2010

Feliz Año Nuevo



Cada año por estas fechas celebramos ese momento que hemos inventado los humanos en el que con las campanadas de un reloj, nos mostramos alborozados —la mayor parte de las veces de forma ficticia— simplemente porque se produce un cambio de número en el discurrir de nuestras vidas. Nos mostramos gozosos porque despedimos un año que se va, como si con él dijésemos adiós para siempre a todo aquello que en los últimos doce meses nos ha sido dañoso. El sonido de esas doce campanadas constituye todo un ritual profano que nosotros, pobres gnomos del universo, elevamos a la categoría de lo místico. Preparamos las doce uvas, depositamos un atavío de oro en la copa de vino espumoso, incluso algunos se ponen una prenda íntima de color rojo y esperamos expectantes y en silencio el sonido milagroso de las doce campanadas. La verdad es que nunca he llegado a saber el significado y porqué de estos simbolismos, tras los cuales y todos al unísono, exultantes de una programada —que no auténtica— alegría, nos besamos y felicitamos repitiendo el consabido latiguillo “Feliz Año Nuevo”.

Es esta una atolondrada ceremonia en la que teóricamente pretendemos alejar de nosotros todo lo malo que nos haya podido suceder durante el año que muere, al tiempo que aparentamos desear a aquellos que tenemos próximos —a veces tan lejanos— las mayores venturas que deseamos nos traiga el futuro, por el artificial hecho de que en el calendario haya cambiado un número.

Analizada esta actitud desde la madurez racional, podría calificarse de infantilmente patética. No nos damos cuenta que los días, los meses y los años que dan forma al tiempo, están vacíos y jamás nos podrán ofrecer nada, ni bueno, ni malo. Es un vacío que llenamos los seres humanos, día a día, con nuestra disposición, con nuestras palabras, con nuestros actos. El futuro aún no existe, se nos ofrece pleno de nada, somos nosotros quienes le vamos dando forma, con nuestro pensamiento, con nuestro comportamiento, ese comportamiento que proyectamos sobre nuestros semejantes. Por eso, esperar que la ventura y la felicidad nos la proporcione el año que comienza, me parece algo tan baldío como ir a buscar un empleo al INEM.

No sé porqué ese ansia por que se vaya un año y llegue otro. Parece como si quisiéramos escapar. Pero escapar ¿de qué? ¿de nosotros mismos? Al fin y al cabo, detrás de cada anochecer, siempre brillará el resplandor de un amanecer. El tiempo, esta ahí. O mejor dicho, nosotros estamos en el tiempo. El no pasa por nosotros. Somos nosotros quienes pasamos por él y en él dejamos el rastro de nuestras obras. Cuando cae nuestra última hoja del calendario, lo que queda en el recuerdo de los demás, no es nuestra imagen. Si así fuera ¿Cuál quedaría? ¿La de cuando fuimos niños? ¿La de nuestra adolescencia? ¿La de la madurez? O ¿la de la decrepitud de la ancianidad? No, no queda una imagen concreta. Queda el surco de nuestro paso por este mundo, con la huella de lo que hicimos y hasta de lo que no hicimos.

Cuando asomamos por vez primera al laberinto de la vida y entramos en lo que llamamos el tiempo, lo hacemos llenos de energía, de proyectos e ilusiones que aun ignoramos, de obras por realizar. Iniciamos la siembra de una cosecha en la que vamos dejando el germen en cada etapa, en cada época y en la que cada estación nos va segando sin darnos cuenta, hasta que de nosotros no queda más que el surco de nuestro pasado. Un pasado que somos incapaces de cambiar. Pero sí somos dueños de nuestro futuro. La vida es un vaivén entre el recuerdo y la esperanza.

Cuando suenan las doce campanadas, no debemos esperar nada de ellas; seamos nosotros los que salgamos a su encuentro con coraje y basados en la experiencia de ese pasado que dejamos atrás, con nuestra participación decisiva, hagamos del mañana una aurora de prometedora esperanza para todos.

Aprendamos la lección: Si el futuro nos angustia y el pasado nos encadena, no permitamos que se nos escape el presente.

De todos modos y aún cayendo en mi propia contradicción, Feliz Año Nuevo a todos.

César Valdeolmillos Alonso

¿Navidad de Misa y olla?



“Nunca será tarde para buscar un mundo mejor y más nuevo, si en el empeño ponemos coraje y esperanza”

Alfred Tennyson
Poeta inglés



Hace más de dos mil años, un hombre y una mujer llamaban angustiados a todas las puertas de Belén. Alguien infinito estaba a punto de nacer para compartir. Un niño en el que se encerrarían todas las claves del mundo. Como cada año ese mismo niño vuelve a llamar a la puerta de cada uno de nosotros, pidiendo que le hagamos un lugar en nuestro corazón. No hagamos como aquella noche en la que no hubo sitio para ellos en la posada, donde cerca del fuego comían y bebían los bien instalados. Sin embargo, los más humildes entre los humildes —los recusados insolentes— fueron los protagonistas de la Navidad.

Se me ocurre pensar que la Navidad jamás se aposentará en la posada, sino el establo de Belén. ¿Quién nació en ese establo? Alguien que no hizo otra cosa en su vida que amar, que no nació sino para que la palabra amor no se le cayera de la boca. Pero ese alguien no hablaba de un amor cualquiera, el amor al que se refería, está por encima de todos los otros.

Quien sabe si la Navidad tiene lugar solo para los marginados, para los agredidos, para los desamparados. La Navidad es el consuelo que alguien que desborda amor, concede a los desprovistos, a los que —según el parecer de los saciados— sirven nada más que de escándalo, de risa, de mofa o de escarnio. No es fiesta la Navidad para felices, sino para los que tienen el alma en carne viva.

La Navidad, no debe consistir en una fiesta de Misa y olla; no podemos circunscribirla a los cómodos límites domésticos de familia reunida en torno al beso, al pavo y al villancico. Eso es una dramática parodia y burlar su verdadero espíritu. Identificar la alegría con el menú y la bullanga de la falsa Navidad, es un atentado al hecho maravilloso de alguien que nació para morir por amor. Por amor a cada uno de nosotros.

El calor del hogar y la compañía, no siempre auténticos, tienden a encubrir nuestros más íntimos sentimientos de soledad y desamparo, que en medio del alboroto y la superficialidad compartida, disfrazamos de nostalgia.

O la Navidad es el don que el Ser Supremo concede a los desprovistos, o no significa nada.

Por eso cuando por la calle veas a un niño perdido que lleva todas las razas sobre su piel, no le llames extranjero, si del amor de una madre que os estrechó contra su pecho, tuvisteis la misma luz; si aún queda un resto de ternura en tu corazón, entrégasela. Cuando por la calle veas a una muchacha con todos los pecados del mundo sobre su alma, no le claves las espinas en su frente, ni los clavos en sus pies; si aún queda un resto de ternura en tu corazón, regálasela. Cuando por la calle veas a un anciano que lleva todas las amarguras y sacrificios de la vida en su interior, no veas en él a un individuo entre la masa; si aún queda un resto de ternura en tu corazón, dásela.

Ese y no otro, es el auténtico espíritu de la Navidad y siendo de este modo, como decía el ensayista estadounidense Hamilton Wright Mabi, podremos exclamar: “Bendita sea la fecha que une a todo el mundo en una conspiración de amor”

César Valdeolmillos Alonso

martes, 30 de noviembre de 2010

¿Qué sabe Zapatero, que sabe Marruecos?



“La sumisión y tolerancia no es el camino de la moral, pero sí con frecuencia el más cómodo”
Martín Luther King
Predicador, defensor de los derechos de la raza negra


Con asombro y perplejidad el pueblo español viene constatando como el Ejecutivo, con su presidente a la cabeza, viene poniendo en práctica desde sus primeros pasos, una actitud absolutamente anticlerical con respecto a la Religión Católica; una postura retadora y de confrontación, como se ha podido comprobar en las palabras pronunciadas en la campaña electoral catalana por el Sr. Rodríguez, que no pueden tener otra consecuencia, que la aparición de un malestar, inquietud y desasosiego entre la población —tanto católicos, como no católicos— salvoconducto muy peligroso, que en vez de conducirnos por el camino del respeto y la comprensión, de insistir en estas tesis, bien podría llegar a desembocar como infortunadamente ya ocurrió en la década de los treinta, en la exaltación desmedida de ideas antagónicas, la división y en último extremo el conflicto entre la sociedad española. Un ejemplo constatable, es la reacción espontánea que ha producido la prohibición realizada por las autoridades, de asistir a las celebraciones litúrgicas en la Basílica a la iglesia de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, que ha hecho que miles de fieles, que antes no lo hacían, acudan a la celebración de la Santa Misa a dicho lugar.

Con la, digamos —descortés— postura adoptada por el jefe del Ejecutivo español para con un Jefe de Estado como es el Papa y por añadidura, guía espiritual de una inmensa mayoría de españoles, contrasta la melifluosidad, condescendencia, comprensión, benevolencia y exquisitez con que el Sr. Rodríguez trata al Rey de Marruecos y todas aquellas cuestiones que con él y su país se relacionan, incluso aún cuando las mismas, constituyan una afrenta o humillación hacia España.

Como persona, respeto profundamente —aunque no la comparta— la ideología que con sus actos y palabras ha demostrado tener el Sr., Rodríguez, si bien, como primer mandatario español, entiendo que, por diferentes motivos, no es excusable su comportamiento ni con el Papa, ni con el Rey de Marruecos.

Cuando se rigen los destinos de un país, la primera obligación de quien lo hace, es hacer respetar y defender los derechos del mismo, sobre todo, cuando se le ningunea, se le provoca, se le afrenta o se le arremete y todo esto, viene ocurriendo periódicamente por parte de Marruecos hacia España y los españoles.

Si quien está llamado a defender esos derechos, calla, trata de excusar, aduce pretextos incomprensibles o mira hacia otro lado, cabe deducir que pudiera existir alguna poderosa razón que aconsejase u obligase a adoptar tan aparentemente incomprensible comportamiento, máxime cuando el mismo, puede suponerle un importante coste electoral. Pero resulta aún más incomprensible, cuando no solo se adoptan estas posturas, sino que para mayor perplejidad, el agredido otorga las más alta distinción al agresor.

Los contactos del Sr. Rodríguez con el rey alauí, se remontan al 18 de diciembre de 2001, cuando el primero solo era jefe de la oposición. En plena tormenta política entre Madrid y Rabat y desoyendo las llamadas del Gobierno del Partido Popular, el entonces Secretario General del PSOE, viajó a Rabat, donde fue recibido por el Rey de Marruecos en el Palacio Real, fotografiándose ambos delante de un mapa marroquí que mutilaba territorios españoles [1] y en el que, evidentemente, el Sahara Occidental, aparecía como parte del reino. Y ello, en medio de una importante crisis con Rabat, que había retirado a su embajador.

A cerca de esta reunión entre ambos personajes, cabe hacer las siguientes reflexiones:

1. ¿Por qué y con que objeto hizo el Sr., Rodríguez este viaje en las graves circunstancias descritas?

2. En la visita que Felipe González hizo a los campamentos de refugiados en Tinduf (sur de Argelia) el 14 de noviembre de 1976, dirigió estas palabras a los saharauis: “Hemos querido estar aquí para demostraros, con nuestra presencia, nuestra repulsa y nuestra reprobación por el acuerdo de Madrid de 1975″. Y añadió: “Nuestro partido está convencido de que el Frente Polisario es el guía recto hacia la victoria final del pueblo saharaui. Y está convencido también de que vuestra república democrática se consolidará sobre vuestro pueblo y podréis volver a vuestros hogares. Sabemos que vuestra experiencia es la de haber recibido muchas promesas nunca cumplidas: yo quiero, por consiguiente, no prometeros algo, sino comprometerme con la Historia: nuestro partido estará con vosotros hasta la victoria final”. Entre las palabras de entonces de Felipe González y los hechos del Sr. Rodríguez, parece existir una notoria y clara diferencia. ¿Por qué el rey de Marruecos, recibe al jefe de una oposición, cuyo partido —al menos de palabra— siempre se había mostrado defensor de los derechos de autodeterminación del pueblo saharaui, y por tanto contrario a sus intereses?

3. La visita a un Jefe de Estado, no se hace como el que pasa por delante de la casa de un amigo y de pronto decide entrar a verle. Lo correcto es suponer que la entrevista entre ambos, estaba previamente concertada y pienso yo que no para saludarse simplemente.

4. Por lo anteriormente expuesto, y teniendo en cuenta la petición expresa del PP de que no realizase dicha visita en ese momento, el jefe de la oposición en España, está claro que no llevaba el encargo de mediar en el conflicto existente en aquella ocasión entre los dos países.

5. ¿De qué se habló entonces en aquella reunión?

6. Con el intempestivo viaje del representante del mayor partido de la oposición española, ¿daba el rey de Marruecos de esta forma una bofetada al que por entonces era su principal enemigo en el extranjero, el presidente José María Aznar?

7. Conviene recordar también que en aquella fecha, José María Aznar era el principal obstáculo para que el Sr., Rodríguez pudiera ocupar el Palacio de la Moncloa[2].

8. Hasta donde sabemos, tanto el Rey de Marruecos, como el Sr. Rodríguez tenían un punto en común: José María Aznar.

9. Mohamed VI ¿vio en el Sr. Rodríguez a un interlocutor más fácil de manejar o menos firme que Aznar, ante sus pretensiones anexionistas?

10. Si fue así ¿pensó el monarca de Marruecos que le interesaba que fuese su visitante quien en el futuro ocupase La Moncloa?

Siete meses más tarde, en julio de 2002, Marruecos, ocuparía el islote Perejil, en la víspera de la celebración de la boda de su monarca.

España buscó infructuosamente el apoyo en la OTAN. Ante la estéril actitud de la Alianza Atlántica, solicitó un pronunciamiento de la Unión Europea que nunca llegó. Por último y para defender no solo los intereses de España, sino el respeto y la dignidad de nuestro país, optó por una medida de fuerza, previa garantía del apoyo de Estados Unidos ante una hipotética respuesta marroquí. Por supuesto, Marruecos condenó la recuperación de Perejil con el uso de la fuerza. Eso cabía esperarlo. Lo curioso y sorprendente, es que el Sr. Rodríguez —por entonces líder de la oposición y aspirante a la Presidencia del Gobierno de España— también lo hiciera.

El 11 de marzo de 2004, en vísperas de la jornada de reflexión de unas elecciones generales, de las que habría de salir el nuevo presidente del Gobierno español, un grupo terrorista del que formaban parte no pocos marroquíes, llevó a cabo en Madrid uno de los mayores atentados terroristas de Europa, con 191 muertos y más de mil heridos.

Tres días después, y tras violar Rubalcaba la jornada de reflexión, Zapatero se convertiría en presidente del Gobierno. A la luz de aquella conversación celebrada en el 2001 ¿Podría el rey de Marruecos deducir que las relaciones iban a mejorar mucho en beneficio de sus tesis?

El 18/11/10, Luis del Pino escribe en Libertad Digital que cuando la policía española había rodeado un piso en Leganés el 03/04/04, en el que se refugiaban los supuestos responsables del atentado del 11-M, el entonces embajador de España en Marruecos, Fernando Arias-Salgado, llamó al ministro de Asuntos Exteriores marroquí, Mohamed Benaissa, y le informó de que los presuntos responsables del 11-M, estaban cercados. "Ahora podremos saber quién es el autor intelectual del 11-M", dijo el embajador español, a lo que Benaissa contestó: "Si, sí. Y habrá muchas sorpresas". Cuando Zapatero tomó posesión de su cargo como presidente de gobierno, una de sus decisiones inmediatas, junto con la retirada de las tropas españolas de Irak, fue la destitución del embajador de España en Marruecos.

Reveladoras palabras las del ministro marroquí, que inducen a pensar que las autoridades del país vecino, conocían detalles —aún en la opacidad— de aquellos hechos, que cuando menos, el Gobierno de José María Aznar, ignoraba. Y llamativa la celeridad con la que el nuevo ejecutivo socialista, destituyó al embajador de Marruecos.

La primera salida al extranjero del nuevo Presidente español, fue a Casablanca, donde en compañía de Mohamed VI, inauguró un monumento en recuerdo de los asesinados el 16 de mayo de 2003. Era la segunda vez que se entrevistaban.

El 14/01/05, el ejecutivo español acordó en Consejo de Ministros conceder el Collar de la Orden de Carlos III al rey de Marruecos, la más alta condecoración civil que puede otorgar el gobierno español a una persona, por los méritos contraídos en beneficio de España o de la Corona; quince Grandes Cruces de la Orden de Isabel la Católica —paradójicamente, la reina que expulsó a los moriscos— entre quienes se incluyó al jefe del espionaje marroquí, Hmidu Laanigri, que dejó en libertad a uno de los presuntos autores del 11-M y no colaboró con la investigación española. ¿Que méritos concurren en esta persona para la concesión de tan alta distinción?[3] Además se les concedió la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil a otros seis miembros del Gobierno marroquí. En total, y si no he sufrido error en el recuento, un total de veintidós condecoraciones, lo que sin duda se puede considerar de una generosidad extrema y desusada, sobre todo cuando la concesión de tan altas distinciones, recae sobre personas integrantes de un régimen que no hace más que hostigar a España. ¿No podría considerarse este hecho como una humillante claudicación para mantener contento a Su Majestad Mohamed VI y si es cierta la conversación que se cita entre el embajador español y el ministro de asuntos exteriores marroquí, incluso para que esté callado?

Si yo fuera malicioso —que no lo soy— pensaría que a lo mejor ni siquiera hubiera sido necesaria la concesión de estas condecoraciones para que Marruecos mantuviese la boca callada sobre determinados hechos del 11-M, aún no aclarados.

El 16/011/09 la activista saharahui Aminatu Haidar inició una huelga de hambre en el aeropuerto de Lanzarote y el ejecutivo español se comportó de forma muy descafeinada, ofreciéndole soluciones que no se pudiesen interpretar por Marruecos como apoyo a su pueblo, llegando incluso a ser citada por un juzgado como imputada en la provocación de desórdenes públicos y ello sin considerar que su vida estaba corriendo un grave riesgo.

De forma muy distinta se implicó el ejecutivo español en la huelga de hambre protagonizada por el terrorista asesino, De Juana Chaos. En aquella ocasión la vida era lo primero, por encima de consideraciones jurídicas y morales. Pero nadie puede discutir que se adoptaron dos actitudes muy distintas ante un mismo hecho. ¿Por qué?

De todos modos, llama la atención la repercusión que obtuvo en España el caso de la musulmana Aminatu Haidar y la sordina con que se está tratando el de la cristiana Asia Bibi, a pesar de que la comunidad internacional se ha manifestado pidiendo su libertad, incluido por supuesto el Papa. Nuestro nominal gobierno, brilla por su silencio. ¿Dónde están ahora los de la ceja en apoyo de la vida de Asia Bibi?

No es que en la huelga de hambre de De Juana Chaos y la de Aminatu Haidar, no estuviera en juego el valor supremo de la vida, pero la diferencia estriba en que la de ellos era un acto voluntario en defensa de unas posiciones políticas y a Asia Bibi la quieren matar por el simple hecho de no querer renuncia a ser cristiana, como ya lo han hecho con otros. ¿Qué se hubiera organizado por los medios de comunicación españoles y grupos afines a la izquierda, si nos hubiésemos atrevido a juzgar a los islamistas que a diario ocupan espacios públicos para efectuar sus ritos religiosos? Nosotros liquidamos tradiciones centenarias como es el rendir honores a la Custodia en la capital imperial de Toledo, y por orden de la ministra Carmen Chacón, por vez primera se suprimieron los honores militares en la procesión del Corpus Christi. Los cadetes de la Academia de Infantería, no presentaron armas a la Custodia; no portaron la bandera en la formación y tampoco se encargaron de tocar el himno nacional. Sin embargo, a los musulmanes les proporcionamos nuestros cuarteles para facilitarles el ejercicio de sus ritos e incluso tratamos de eludir la tan traída y llevada Ley de igualdad, cuando una musulmana es presionada por un imán, por adoptar su vida al estilo Occidental.

¿O es que para la izquierda española, el valor de la vida de una persona se establece en función de su edad, los intereses políticos o las creencias o no creencias de quien maneja los hilos del poder?

El 10/07/10, Marruecos inició una escalada de comunicados calumniando a las fuerzas de seguridad españolas y atacando la integridad territorial de España, al reclamar una parte de nuestro territorio, que desembocaron en los lamentables sucesos que se desarrollaron en la frontera de Melilla. ¿Dónde estaban entonces nuestras autoridades incluida la entonces ministra de igualdad Bibiana Aído, para defender nuestra integridad territorial y la agresión personal a varios miembros femeninos de nuestras Fuerzas de Seguridad? No se atrevieron a ejercer la misión para la que fueran investidos, sino que ante la cada vez más provocadora actitud del país vecino, recurrieron a Su Majestad el Rey para que les sacara las castañas del fuego, desgastando su figura y la de la Corona.

En este punto no estaría demás recordar que en 2002, cuando Marruecos invadió con sus fuerzas militares el islote de Perejil, siendo este suceso muchísimo más grave que el del conflicto melillense de meses pasados, el gobierno de Aznar no recurrió a la Casa Real.

El 19/08/10, el ministro de Fomento español, José Blanco, tacha de deslealtad para con España y con el Gobierno, la visita efectuada a Melilla por el señor Aznar. Similar situación se daría con Mariano Rajoy cuando un mes después visitó la misma ciudad y por los mismos motivos, con el agravante asombroso de que el entonces ministro Moratinos pactara con el primer ministro marroquí, un comunicado que atacaba al jefe de la oposición española y calificando parte del territorio español, como “ocupado”. Seguramente el Sr. Blanco sufrió un lapsus y olvidó que Zapatero dijo ser "leal" a España cuando viajó a Rabat a espaldas de Aznar.[4]

El 31/08/10, La Gaceta publica que los pasaportes que expide el reino de Mohamed VI a ciudadanos marroquíes nacidos en Melilla, citan de forma habitual como: “Lugar de nacimiento: Melilla, Marruecos”, lo que, además de constituir una falsificación de datos en documento oficial, en términos políticos, ha de considerarse como un golpe de fuerza de quien actúa con la tranquilidad de que no existirán consecuencias de ningún tipo. Con estos pasaportes, en rigor, pueden viajar por el resto de Europa, extendiendo la percepción de que la soberanía de la ciudad autónoma española, corresponde en realidad a Marruecos, sin que exista —que se sepa— ninguna reacción al respecto por parte del gabinete del Sr. Rodríguez, quien se reunió con el monarca alauita el 20/09/10 en la sede de la ONU y dio por enterrados los conflictos anteriormente reseñados. Reunión que, por cierto, estuvo presidida solamente por la bandera marroquí y de la que Zapatero dijo: " La foto es lo más importante".

Ver video en:
http://www.libertaddigital.tv/ldtv.php/beta/videoplayer.html/giTvDv13ZlQ

El 01/11/10, en su permanente estrategia de presionar a España para que adopte una postura favorable a su tesis con respecto a los territorios del Sahara Occidental, Marruecos inicia una nueva ofensiva en dicho territorio, ante la que nuestras autoridades guardan un silencio total por la violación de los derechos humanos de los saharauis, llegando incluso a apoyar al gobierno marroquí, que agredió salvajemente a ciudadanos españoles en la capital del Sáhara ocupado, El Aaiún, al desautorizar el “Gobierno de España” a sus propios ciudadanos, víctimas de la violencia del gobierno marroquí.

Dijo el dramaturgo francés Víctor Hugo, “El sufrir merece respeto, el someterse es despreciable”.

Por ello, ante todas estas vejaciones, no cabe menos que preguntar ¿Qué grado de fortaleza es la del poderoso vínculo que somete a este gobierno a los deseos de Marruecos? ¿Qué sabe Zapatero, que sabe Marruecos?

César Valdeolmillos Alonso
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[1] El mapa fue portada de "La Vanguardia" (19.12.01)


[2] Para comprobar el estado de las relaciones del Sr. Rodríguez con José María Aznar, entonces Presidente del Gobierno español, conviene leer el artículo firmado en Toledo por Anabel Díez y publicado en El País el 17/12/01. http://www.elpais.com/articulo/espana/Zapatero/inicia/visita/Rabat/reproches/Aznar/situar/PSOE/anti-Espana/elpepiesp/20011217elpepinac_8/Tes?print=1

[3] http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/cordoba/abc.cordoba/2005/01/15/017.html

[4] Libertad Digital, 19/08/10 http://www.libertaddigital.com/nacional/zapatero-dijo-ser-leal-a-espana-cuando-viajo-a-rabat-a-espaldas-de-aznar-1276399841/