Yo no quito el crucifijo

jueves, 6 de enero de 2011

¿Y por qué no?



“La ilusión es la hermana menor del desengaño”
Oliver Wendell Holmes
Médico y escritor estadounidense


Hago referencia a esta cita, porque estamos en época de celebrar la festividad que simboliza a un tiempo la mayor de las ilusiones y el primero de los grandes desengaños de la cultura occidental: La conmemoración de los Reyes Magos.

Para un niño, no hay noche que encierre mayor ilusión que esa en la que ha de acostarse temprano, dejar los zapatos bien lustrados con un dulce en su interior y una copita para refrigerio de Sus Majestades, sin olvidar algo para los sufridos camellos, que en sus alforjas, portan los sueños de todos los niños del universo.

Pero ¿Quiénes fueron esos reyes si es que fueron? Y si fueron ¿Cuántos fueron? Por los presentes que nos dicen las escrituras evangélicas que ofrecieron al recién nacido, cabría deducir que pudieron ser tres, en el supuesto de que cada uno portase una ofrenda y las mismas no fueran una dádiva conjunta. ¿Eran reyes, sabios, magos, astrólogos? ¿Eran todo a un tiempo o nada? ¿Si eran reyes, cuales eran y en que lugar del universo se asentaban sus reinos? No eran adivinos, pues de haberlo sido, no hubieran tenido necesidad de preguntarle a Herodes, con las graves consecuencias que para los inocentes, tuvo su visita al tetrarca. Pero puede que fueran tan sabios, tan sabios, que ellos, y solo ellos, supieron ver al Hijo del Altísimo, donde los demás no vieron más que a unos parias dentro de un establo, con un recién parido entre dos bestias: el burro, el animal más humilde del mundo, que simbolizaba la servidumbre con que hacia la humanidad se acercaba el mismo Dios hecho hombre y el sufrido buey, que con su aliento, le daba el calor que le habían negado los hombres.

Son pocas las referencias que de vosotros, queridos Reyes Magos tenemos, pero en cualquier caso, lo que sí se puede afirmar, es que constituís todo un símbolo. Todo en vosotros constituye una mítica alegoría. Es un símbolo el oro que ofrendasteis al recién nacido, metal que para los alquimistas representaba la luz del sol y por tanto fuente de energía y de toda vida; es un símbolo el incienso con que le homenajeasteis, sustancia que se usaba en las ofrendas religiosas orientales en el momento de la meditación o de la plegaria, ya que el fuego purificador, elevaba el humo hasta el cielo, donde los dioses podían escuchar con mayor atención las peticiones que se les hacían; es un símbolo la mirra que le ofrecisteis y con la que le deseabais fortuna espiritual y eterno amor en la emblemática boda que en ese momento establecía el Sumo Hacedor con su propia obra; vuestras distintas razas y procedencias, constituyen el símbolo de la universalidad del recién nacido y hasta vuestras diferentes edades, configuran el símbolo que abarca la eternidad de los tiempos inherente al Creador y su obra.

Por todo ello, quienes bebimos en la fuente de la cultura Occidental, en este tiempo, elevamos nuestras manos hacia ese mundo mágico y desconocido que nos permite acariciar una ilusión.

¿Quién, cuando era niño, no ha tenido la ilusión de hacer un débil castillo de naipes y ha sufrido el desencanto de ver como se le venía abajo? Sin embargo, a pesar de todas las decepciones que sufrimos en el transcurso de nuestra vida, acaso porque el presente no exista y solo sea un punto entre la ilusión y la añoranza, es por lo que aun siendo adultos, necesitamos seguir sintiéndonos niños y no ver las cosas como son. El progreso hacia el camino de la perfección, no sería posible si viendo cosas que aún no son, no nos dijéramos ¿Y por qué no? Porque como decía el dramaturgo Víctor Hugo, “El alma tiene ilusiones como el pájaro tiene alas; y esas ilusiones son las que la sostienen”.
César Valdeolmillos Alonso

jueves, 30 de diciembre de 2010

Feliz Año Nuevo



Cada año por estas fechas celebramos ese momento que hemos inventado los humanos en el que con las campanadas de un reloj, nos mostramos alborozados —la mayor parte de las veces de forma ficticia— simplemente porque se produce un cambio de número en el discurrir de nuestras vidas. Nos mostramos gozosos porque despedimos un año que se va, como si con él dijésemos adiós para siempre a todo aquello que en los últimos doce meses nos ha sido dañoso. El sonido de esas doce campanadas constituye todo un ritual profano que nosotros, pobres gnomos del universo, elevamos a la categoría de lo místico. Preparamos las doce uvas, depositamos un atavío de oro en la copa de vino espumoso, incluso algunos se ponen una prenda íntima de color rojo y esperamos expectantes y en silencio el sonido milagroso de las doce campanadas. La verdad es que nunca he llegado a saber el significado y porqué de estos simbolismos, tras los cuales y todos al unísono, exultantes de una programada —que no auténtica— alegría, nos besamos y felicitamos repitiendo el consabido latiguillo “Feliz Año Nuevo”.

Es esta una atolondrada ceremonia en la que teóricamente pretendemos alejar de nosotros todo lo malo que nos haya podido suceder durante el año que muere, al tiempo que aparentamos desear a aquellos que tenemos próximos —a veces tan lejanos— las mayores venturas que deseamos nos traiga el futuro, por el artificial hecho de que en el calendario haya cambiado un número.

Analizada esta actitud desde la madurez racional, podría calificarse de infantilmente patética. No nos damos cuenta que los días, los meses y los años que dan forma al tiempo, están vacíos y jamás nos podrán ofrecer nada, ni bueno, ni malo. Es un vacío que llenamos los seres humanos, día a día, con nuestra disposición, con nuestras palabras, con nuestros actos. El futuro aún no existe, se nos ofrece pleno de nada, somos nosotros quienes le vamos dando forma, con nuestro pensamiento, con nuestro comportamiento, ese comportamiento que proyectamos sobre nuestros semejantes. Por eso, esperar que la ventura y la felicidad nos la proporcione el año que comienza, me parece algo tan baldío como ir a buscar un empleo al INEM.

No sé porqué ese ansia por que se vaya un año y llegue otro. Parece como si quisiéramos escapar. Pero escapar ¿de qué? ¿de nosotros mismos? Al fin y al cabo, detrás de cada anochecer, siempre brillará el resplandor de un amanecer. El tiempo, esta ahí. O mejor dicho, nosotros estamos en el tiempo. El no pasa por nosotros. Somos nosotros quienes pasamos por él y en él dejamos el rastro de nuestras obras. Cuando cae nuestra última hoja del calendario, lo que queda en el recuerdo de los demás, no es nuestra imagen. Si así fuera ¿Cuál quedaría? ¿La de cuando fuimos niños? ¿La de nuestra adolescencia? ¿La de la madurez? O ¿la de la decrepitud de la ancianidad? No, no queda una imagen concreta. Queda el surco de nuestro paso por este mundo, con la huella de lo que hicimos y hasta de lo que no hicimos.

Cuando asomamos por vez primera al laberinto de la vida y entramos en lo que llamamos el tiempo, lo hacemos llenos de energía, de proyectos e ilusiones que aun ignoramos, de obras por realizar. Iniciamos la siembra de una cosecha en la que vamos dejando el germen en cada etapa, en cada época y en la que cada estación nos va segando sin darnos cuenta, hasta que de nosotros no queda más que el surco de nuestro pasado. Un pasado que somos incapaces de cambiar. Pero sí somos dueños de nuestro futuro. La vida es un vaivén entre el recuerdo y la esperanza.

Cuando suenan las doce campanadas, no debemos esperar nada de ellas; seamos nosotros los que salgamos a su encuentro con coraje y basados en la experiencia de ese pasado que dejamos atrás, con nuestra participación decisiva, hagamos del mañana una aurora de prometedora esperanza para todos.

Aprendamos la lección: Si el futuro nos angustia y el pasado nos encadena, no permitamos que se nos escape el presente.

De todos modos y aún cayendo en mi propia contradicción, Feliz Año Nuevo a todos.

César Valdeolmillos Alonso

¿Navidad de Misa y olla?



“Nunca será tarde para buscar un mundo mejor y más nuevo, si en el empeño ponemos coraje y esperanza”

Alfred Tennyson
Poeta inglés



Hace más de dos mil años, un hombre y una mujer llamaban angustiados a todas las puertas de Belén. Alguien infinito estaba a punto de nacer para compartir. Un niño en el que se encerrarían todas las claves del mundo. Como cada año ese mismo niño vuelve a llamar a la puerta de cada uno de nosotros, pidiendo que le hagamos un lugar en nuestro corazón. No hagamos como aquella noche en la que no hubo sitio para ellos en la posada, donde cerca del fuego comían y bebían los bien instalados. Sin embargo, los más humildes entre los humildes —los recusados insolentes— fueron los protagonistas de la Navidad.

Se me ocurre pensar que la Navidad jamás se aposentará en la posada, sino el establo de Belén. ¿Quién nació en ese establo? Alguien que no hizo otra cosa en su vida que amar, que no nació sino para que la palabra amor no se le cayera de la boca. Pero ese alguien no hablaba de un amor cualquiera, el amor al que se refería, está por encima de todos los otros.

Quien sabe si la Navidad tiene lugar solo para los marginados, para los agredidos, para los desamparados. La Navidad es el consuelo que alguien que desborda amor, concede a los desprovistos, a los que —según el parecer de los saciados— sirven nada más que de escándalo, de risa, de mofa o de escarnio. No es fiesta la Navidad para felices, sino para los que tienen el alma en carne viva.

La Navidad, no debe consistir en una fiesta de Misa y olla; no podemos circunscribirla a los cómodos límites domésticos de familia reunida en torno al beso, al pavo y al villancico. Eso es una dramática parodia y burlar su verdadero espíritu. Identificar la alegría con el menú y la bullanga de la falsa Navidad, es un atentado al hecho maravilloso de alguien que nació para morir por amor. Por amor a cada uno de nosotros.

El calor del hogar y la compañía, no siempre auténticos, tienden a encubrir nuestros más íntimos sentimientos de soledad y desamparo, que en medio del alboroto y la superficialidad compartida, disfrazamos de nostalgia.

O la Navidad es el don que el Ser Supremo concede a los desprovistos, o no significa nada.

Por eso cuando por la calle veas a un niño perdido que lleva todas las razas sobre su piel, no le llames extranjero, si del amor de una madre que os estrechó contra su pecho, tuvisteis la misma luz; si aún queda un resto de ternura en tu corazón, entrégasela. Cuando por la calle veas a una muchacha con todos los pecados del mundo sobre su alma, no le claves las espinas en su frente, ni los clavos en sus pies; si aún queda un resto de ternura en tu corazón, regálasela. Cuando por la calle veas a un anciano que lleva todas las amarguras y sacrificios de la vida en su interior, no veas en él a un individuo entre la masa; si aún queda un resto de ternura en tu corazón, dásela.

Ese y no otro, es el auténtico espíritu de la Navidad y siendo de este modo, como decía el ensayista estadounidense Hamilton Wright Mabi, podremos exclamar: “Bendita sea la fecha que une a todo el mundo en una conspiración de amor”

César Valdeolmillos Alonso

martes, 30 de noviembre de 2010

¿Qué sabe Zapatero, que sabe Marruecos?



“La sumisión y tolerancia no es el camino de la moral, pero sí con frecuencia el más cómodo”
Martín Luther King
Predicador, defensor de los derechos de la raza negra


Con asombro y perplejidad el pueblo español viene constatando como el Ejecutivo, con su presidente a la cabeza, viene poniendo en práctica desde sus primeros pasos, una actitud absolutamente anticlerical con respecto a la Religión Católica; una postura retadora y de confrontación, como se ha podido comprobar en las palabras pronunciadas en la campaña electoral catalana por el Sr. Rodríguez, que no pueden tener otra consecuencia, que la aparición de un malestar, inquietud y desasosiego entre la población —tanto católicos, como no católicos— salvoconducto muy peligroso, que en vez de conducirnos por el camino del respeto y la comprensión, de insistir en estas tesis, bien podría llegar a desembocar como infortunadamente ya ocurrió en la década de los treinta, en la exaltación desmedida de ideas antagónicas, la división y en último extremo el conflicto entre la sociedad española. Un ejemplo constatable, es la reacción espontánea que ha producido la prohibición realizada por las autoridades, de asistir a las celebraciones litúrgicas en la Basílica a la iglesia de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, que ha hecho que miles de fieles, que antes no lo hacían, acudan a la celebración de la Santa Misa a dicho lugar.

Con la, digamos —descortés— postura adoptada por el jefe del Ejecutivo español para con un Jefe de Estado como es el Papa y por añadidura, guía espiritual de una inmensa mayoría de españoles, contrasta la melifluosidad, condescendencia, comprensión, benevolencia y exquisitez con que el Sr. Rodríguez trata al Rey de Marruecos y todas aquellas cuestiones que con él y su país se relacionan, incluso aún cuando las mismas, constituyan una afrenta o humillación hacia España.

Como persona, respeto profundamente —aunque no la comparta— la ideología que con sus actos y palabras ha demostrado tener el Sr., Rodríguez, si bien, como primer mandatario español, entiendo que, por diferentes motivos, no es excusable su comportamiento ni con el Papa, ni con el Rey de Marruecos.

Cuando se rigen los destinos de un país, la primera obligación de quien lo hace, es hacer respetar y defender los derechos del mismo, sobre todo, cuando se le ningunea, se le provoca, se le afrenta o se le arremete y todo esto, viene ocurriendo periódicamente por parte de Marruecos hacia España y los españoles.

Si quien está llamado a defender esos derechos, calla, trata de excusar, aduce pretextos incomprensibles o mira hacia otro lado, cabe deducir que pudiera existir alguna poderosa razón que aconsejase u obligase a adoptar tan aparentemente incomprensible comportamiento, máxime cuando el mismo, puede suponerle un importante coste electoral. Pero resulta aún más incomprensible, cuando no solo se adoptan estas posturas, sino que para mayor perplejidad, el agredido otorga las más alta distinción al agresor.

Los contactos del Sr. Rodríguez con el rey alauí, se remontan al 18 de diciembre de 2001, cuando el primero solo era jefe de la oposición. En plena tormenta política entre Madrid y Rabat y desoyendo las llamadas del Gobierno del Partido Popular, el entonces Secretario General del PSOE, viajó a Rabat, donde fue recibido por el Rey de Marruecos en el Palacio Real, fotografiándose ambos delante de un mapa marroquí que mutilaba territorios españoles [1] y en el que, evidentemente, el Sahara Occidental, aparecía como parte del reino. Y ello, en medio de una importante crisis con Rabat, que había retirado a su embajador.

A cerca de esta reunión entre ambos personajes, cabe hacer las siguientes reflexiones:

1. ¿Por qué y con que objeto hizo el Sr., Rodríguez este viaje en las graves circunstancias descritas?

2. En la visita que Felipe González hizo a los campamentos de refugiados en Tinduf (sur de Argelia) el 14 de noviembre de 1976, dirigió estas palabras a los saharauis: “Hemos querido estar aquí para demostraros, con nuestra presencia, nuestra repulsa y nuestra reprobación por el acuerdo de Madrid de 1975″. Y añadió: “Nuestro partido está convencido de que el Frente Polisario es el guía recto hacia la victoria final del pueblo saharaui. Y está convencido también de que vuestra república democrática se consolidará sobre vuestro pueblo y podréis volver a vuestros hogares. Sabemos que vuestra experiencia es la de haber recibido muchas promesas nunca cumplidas: yo quiero, por consiguiente, no prometeros algo, sino comprometerme con la Historia: nuestro partido estará con vosotros hasta la victoria final”. Entre las palabras de entonces de Felipe González y los hechos del Sr. Rodríguez, parece existir una notoria y clara diferencia. ¿Por qué el rey de Marruecos, recibe al jefe de una oposición, cuyo partido —al menos de palabra— siempre se había mostrado defensor de los derechos de autodeterminación del pueblo saharaui, y por tanto contrario a sus intereses?

3. La visita a un Jefe de Estado, no se hace como el que pasa por delante de la casa de un amigo y de pronto decide entrar a verle. Lo correcto es suponer que la entrevista entre ambos, estaba previamente concertada y pienso yo que no para saludarse simplemente.

4. Por lo anteriormente expuesto, y teniendo en cuenta la petición expresa del PP de que no realizase dicha visita en ese momento, el jefe de la oposición en España, está claro que no llevaba el encargo de mediar en el conflicto existente en aquella ocasión entre los dos países.

5. ¿De qué se habló entonces en aquella reunión?

6. Con el intempestivo viaje del representante del mayor partido de la oposición española, ¿daba el rey de Marruecos de esta forma una bofetada al que por entonces era su principal enemigo en el extranjero, el presidente José María Aznar?

7. Conviene recordar también que en aquella fecha, José María Aznar era el principal obstáculo para que el Sr., Rodríguez pudiera ocupar el Palacio de la Moncloa[2].

8. Hasta donde sabemos, tanto el Rey de Marruecos, como el Sr. Rodríguez tenían un punto en común: José María Aznar.

9. Mohamed VI ¿vio en el Sr. Rodríguez a un interlocutor más fácil de manejar o menos firme que Aznar, ante sus pretensiones anexionistas?

10. Si fue así ¿pensó el monarca de Marruecos que le interesaba que fuese su visitante quien en el futuro ocupase La Moncloa?

Siete meses más tarde, en julio de 2002, Marruecos, ocuparía el islote Perejil, en la víspera de la celebración de la boda de su monarca.

España buscó infructuosamente el apoyo en la OTAN. Ante la estéril actitud de la Alianza Atlántica, solicitó un pronunciamiento de la Unión Europea que nunca llegó. Por último y para defender no solo los intereses de España, sino el respeto y la dignidad de nuestro país, optó por una medida de fuerza, previa garantía del apoyo de Estados Unidos ante una hipotética respuesta marroquí. Por supuesto, Marruecos condenó la recuperación de Perejil con el uso de la fuerza. Eso cabía esperarlo. Lo curioso y sorprendente, es que el Sr. Rodríguez —por entonces líder de la oposición y aspirante a la Presidencia del Gobierno de España— también lo hiciera.

El 11 de marzo de 2004, en vísperas de la jornada de reflexión de unas elecciones generales, de las que habría de salir el nuevo presidente del Gobierno español, un grupo terrorista del que formaban parte no pocos marroquíes, llevó a cabo en Madrid uno de los mayores atentados terroristas de Europa, con 191 muertos y más de mil heridos.

Tres días después, y tras violar Rubalcaba la jornada de reflexión, Zapatero se convertiría en presidente del Gobierno. A la luz de aquella conversación celebrada en el 2001 ¿Podría el rey de Marruecos deducir que las relaciones iban a mejorar mucho en beneficio de sus tesis?

El 18/11/10, Luis del Pino escribe en Libertad Digital que cuando la policía española había rodeado un piso en Leganés el 03/04/04, en el que se refugiaban los supuestos responsables del atentado del 11-M, el entonces embajador de España en Marruecos, Fernando Arias-Salgado, llamó al ministro de Asuntos Exteriores marroquí, Mohamed Benaissa, y le informó de que los presuntos responsables del 11-M, estaban cercados. "Ahora podremos saber quién es el autor intelectual del 11-M", dijo el embajador español, a lo que Benaissa contestó: "Si, sí. Y habrá muchas sorpresas". Cuando Zapatero tomó posesión de su cargo como presidente de gobierno, una de sus decisiones inmediatas, junto con la retirada de las tropas españolas de Irak, fue la destitución del embajador de España en Marruecos.

Reveladoras palabras las del ministro marroquí, que inducen a pensar que las autoridades del país vecino, conocían detalles —aún en la opacidad— de aquellos hechos, que cuando menos, el Gobierno de José María Aznar, ignoraba. Y llamativa la celeridad con la que el nuevo ejecutivo socialista, destituyó al embajador de Marruecos.

La primera salida al extranjero del nuevo Presidente español, fue a Casablanca, donde en compañía de Mohamed VI, inauguró un monumento en recuerdo de los asesinados el 16 de mayo de 2003. Era la segunda vez que se entrevistaban.

El 14/01/05, el ejecutivo español acordó en Consejo de Ministros conceder el Collar de la Orden de Carlos III al rey de Marruecos, la más alta condecoración civil que puede otorgar el gobierno español a una persona, por los méritos contraídos en beneficio de España o de la Corona; quince Grandes Cruces de la Orden de Isabel la Católica —paradójicamente, la reina que expulsó a los moriscos— entre quienes se incluyó al jefe del espionaje marroquí, Hmidu Laanigri, que dejó en libertad a uno de los presuntos autores del 11-M y no colaboró con la investigación española. ¿Que méritos concurren en esta persona para la concesión de tan alta distinción?[3] Además se les concedió la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil a otros seis miembros del Gobierno marroquí. En total, y si no he sufrido error en el recuento, un total de veintidós condecoraciones, lo que sin duda se puede considerar de una generosidad extrema y desusada, sobre todo cuando la concesión de tan altas distinciones, recae sobre personas integrantes de un régimen que no hace más que hostigar a España. ¿No podría considerarse este hecho como una humillante claudicación para mantener contento a Su Majestad Mohamed VI y si es cierta la conversación que se cita entre el embajador español y el ministro de asuntos exteriores marroquí, incluso para que esté callado?

Si yo fuera malicioso —que no lo soy— pensaría que a lo mejor ni siquiera hubiera sido necesaria la concesión de estas condecoraciones para que Marruecos mantuviese la boca callada sobre determinados hechos del 11-M, aún no aclarados.

El 16/011/09 la activista saharahui Aminatu Haidar inició una huelga de hambre en el aeropuerto de Lanzarote y el ejecutivo español se comportó de forma muy descafeinada, ofreciéndole soluciones que no se pudiesen interpretar por Marruecos como apoyo a su pueblo, llegando incluso a ser citada por un juzgado como imputada en la provocación de desórdenes públicos y ello sin considerar que su vida estaba corriendo un grave riesgo.

De forma muy distinta se implicó el ejecutivo español en la huelga de hambre protagonizada por el terrorista asesino, De Juana Chaos. En aquella ocasión la vida era lo primero, por encima de consideraciones jurídicas y morales. Pero nadie puede discutir que se adoptaron dos actitudes muy distintas ante un mismo hecho. ¿Por qué?

De todos modos, llama la atención la repercusión que obtuvo en España el caso de la musulmana Aminatu Haidar y la sordina con que se está tratando el de la cristiana Asia Bibi, a pesar de que la comunidad internacional se ha manifestado pidiendo su libertad, incluido por supuesto el Papa. Nuestro nominal gobierno, brilla por su silencio. ¿Dónde están ahora los de la ceja en apoyo de la vida de Asia Bibi?

No es que en la huelga de hambre de De Juana Chaos y la de Aminatu Haidar, no estuviera en juego el valor supremo de la vida, pero la diferencia estriba en que la de ellos era un acto voluntario en defensa de unas posiciones políticas y a Asia Bibi la quieren matar por el simple hecho de no querer renuncia a ser cristiana, como ya lo han hecho con otros. ¿Qué se hubiera organizado por los medios de comunicación españoles y grupos afines a la izquierda, si nos hubiésemos atrevido a juzgar a los islamistas que a diario ocupan espacios públicos para efectuar sus ritos religiosos? Nosotros liquidamos tradiciones centenarias como es el rendir honores a la Custodia en la capital imperial de Toledo, y por orden de la ministra Carmen Chacón, por vez primera se suprimieron los honores militares en la procesión del Corpus Christi. Los cadetes de la Academia de Infantería, no presentaron armas a la Custodia; no portaron la bandera en la formación y tampoco se encargaron de tocar el himno nacional. Sin embargo, a los musulmanes les proporcionamos nuestros cuarteles para facilitarles el ejercicio de sus ritos e incluso tratamos de eludir la tan traída y llevada Ley de igualdad, cuando una musulmana es presionada por un imán, por adoptar su vida al estilo Occidental.

¿O es que para la izquierda española, el valor de la vida de una persona se establece en función de su edad, los intereses políticos o las creencias o no creencias de quien maneja los hilos del poder?

El 10/07/10, Marruecos inició una escalada de comunicados calumniando a las fuerzas de seguridad españolas y atacando la integridad territorial de España, al reclamar una parte de nuestro territorio, que desembocaron en los lamentables sucesos que se desarrollaron en la frontera de Melilla. ¿Dónde estaban entonces nuestras autoridades incluida la entonces ministra de igualdad Bibiana Aído, para defender nuestra integridad territorial y la agresión personal a varios miembros femeninos de nuestras Fuerzas de Seguridad? No se atrevieron a ejercer la misión para la que fueran investidos, sino que ante la cada vez más provocadora actitud del país vecino, recurrieron a Su Majestad el Rey para que les sacara las castañas del fuego, desgastando su figura y la de la Corona.

En este punto no estaría demás recordar que en 2002, cuando Marruecos invadió con sus fuerzas militares el islote de Perejil, siendo este suceso muchísimo más grave que el del conflicto melillense de meses pasados, el gobierno de Aznar no recurrió a la Casa Real.

El 19/08/10, el ministro de Fomento español, José Blanco, tacha de deslealtad para con España y con el Gobierno, la visita efectuada a Melilla por el señor Aznar. Similar situación se daría con Mariano Rajoy cuando un mes después visitó la misma ciudad y por los mismos motivos, con el agravante asombroso de que el entonces ministro Moratinos pactara con el primer ministro marroquí, un comunicado que atacaba al jefe de la oposición española y calificando parte del territorio español, como “ocupado”. Seguramente el Sr. Blanco sufrió un lapsus y olvidó que Zapatero dijo ser "leal" a España cuando viajó a Rabat a espaldas de Aznar.[4]

El 31/08/10, La Gaceta publica que los pasaportes que expide el reino de Mohamed VI a ciudadanos marroquíes nacidos en Melilla, citan de forma habitual como: “Lugar de nacimiento: Melilla, Marruecos”, lo que, además de constituir una falsificación de datos en documento oficial, en términos políticos, ha de considerarse como un golpe de fuerza de quien actúa con la tranquilidad de que no existirán consecuencias de ningún tipo. Con estos pasaportes, en rigor, pueden viajar por el resto de Europa, extendiendo la percepción de que la soberanía de la ciudad autónoma española, corresponde en realidad a Marruecos, sin que exista —que se sepa— ninguna reacción al respecto por parte del gabinete del Sr. Rodríguez, quien se reunió con el monarca alauita el 20/09/10 en la sede de la ONU y dio por enterrados los conflictos anteriormente reseñados. Reunión que, por cierto, estuvo presidida solamente por la bandera marroquí y de la que Zapatero dijo: " La foto es lo más importante".

Ver video en:
http://www.libertaddigital.tv/ldtv.php/beta/videoplayer.html/giTvDv13ZlQ

El 01/11/10, en su permanente estrategia de presionar a España para que adopte una postura favorable a su tesis con respecto a los territorios del Sahara Occidental, Marruecos inicia una nueva ofensiva en dicho territorio, ante la que nuestras autoridades guardan un silencio total por la violación de los derechos humanos de los saharauis, llegando incluso a apoyar al gobierno marroquí, que agredió salvajemente a ciudadanos españoles en la capital del Sáhara ocupado, El Aaiún, al desautorizar el “Gobierno de España” a sus propios ciudadanos, víctimas de la violencia del gobierno marroquí.

Dijo el dramaturgo francés Víctor Hugo, “El sufrir merece respeto, el someterse es despreciable”.

Por ello, ante todas estas vejaciones, no cabe menos que preguntar ¿Qué grado de fortaleza es la del poderoso vínculo que somete a este gobierno a los deseos de Marruecos? ¿Qué sabe Zapatero, que sabe Marruecos?

César Valdeolmillos Alonso
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[1] El mapa fue portada de "La Vanguardia" (19.12.01)


[2] Para comprobar el estado de las relaciones del Sr. Rodríguez con José María Aznar, entonces Presidente del Gobierno español, conviene leer el artículo firmado en Toledo por Anabel Díez y publicado en El País el 17/12/01. http://www.elpais.com/articulo/espana/Zapatero/inicia/visita/Rabat/reproches/Aznar/situar/PSOE/anti-Espana/elpepiesp/20011217elpepinac_8/Tes?print=1

[3] http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/cordoba/abc.cordoba/2005/01/15/017.html

[4] Libertad Digital, 19/08/10 http://www.libertaddigital.com/nacional/zapatero-dijo-ser-leal-a-espana-cuando-viajo-a-rabat-a-espaldas-de-aznar-1276399841/



viernes, 19 de noviembre de 2010

Rebuznos




“Dale de comer rosas al burro y te responderá con un rebuzno”
Con mi mayor respeto a todos los pollinos del mundo.



Hay una sentencia anónima que dice: “Mezcladas andan las cosas: junto a las ortigas nacen las rosas”. Y esa es ahora la situación de nuestra querida pero maltrecha España.

En el escenario en el que en estos momento nos desenvolvemos los españoles, todo es confusión, desconcierto, inseguridad, temor a no saber como ni cuando podremos salir de ese laberinto que es el amasijo de circunstancias que han hecho saltar por los aires, no solo nuestro bienestar material, sino lo que aun produce mayor zozobra en nuestro espíritu: la voladura controlada que desde el poder se ha hecho de todos nuestros valores y principios, los cuales constituyen parte de nuestro propio ser y la base de una concepción de la existencia.

La visita del Papa para abrazar al apóstol Santiago y consagrar como basílica el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia, ha sido la ofrenda de una rosa de amor. Amor que algunos han pretendido mancillar con sus espurios intereses políticos, a los que ineludiblemente van unidos los personales. Ha sido algo tan hermoso que debe hacernos comprender que hay que regocijarse, no de que para llegar a las rosas, haya antes que pasar por las espinas, sino de que las espinas estén recubiertas de rosas.

El primer intento fue el de los nacionalistas catalanes al presentar el gesto del Pontífice de hablar en catalán, un reconocimiento de la identidad nacional de una Iglesia catalana. Pueril y tosco argumento ya que ¿todos? sabemos que solo hay una Iglesia que está en los cinco continentes; que asume, protege y fomenta por respeto, las raíces de todos los pueblos y precisamente por ese motivo es Universal. La Iglesia en la propagación de su mensaje, no hace distinción entre razas, continentes, naciones, nacionalidades y regiones y mucho menos entre ideologías. Hay saber distinguir e interpretar en su justo contexto, entre lo que es su función fundamental que es la propagación de la verdad revelada y otra el respeto debido a la identidad cultural y antropológica de los pueblos, como símbolo de la libertad del ser humano.

El Papa, como cabeza visible de la Iglesia católica más grande del mundo, con más de 1.100 millones de seguidores, no precisa de la de arrogante insolencia del dirigente de un pequeño partido político nacionalista como Artur Mas, cuando este, a modo de condicionante advertencia manifestó: “El Papa tiene que ser consciente de que viene a una nación que es Cataluña, y que no va a una región… meridional mediterránea…, pues sin mucha personalidad… el Papa tiene que ser consciente de que viaja a una nación de profundas raíces cristianas con una identidad propia forjada a lo largo de los siglos. Yo creo que el Papa eso lo entenderá y, si no, le ayudarán a entender que esa es su visita también”. Más adelante y contradiciéndose manifestó: “que para él, como cristiano, la visita de Benedicto XVI "tiene mucho más sentido como padre de la Iglesia católica que como jefe de Estado. Jefes de Estado tenemos muchos, pero representantes al máximo nivel de la Iglesia católica del mundo cristiano, de esos no tenemos muchos".

Como podrán observar por su estilo, su forma de expresión y por la profundidad de su pensamiento, Artur Más sobrepasa de largo a los príncipes de las letras y grandes pensadores españoles.

Francamente, tanto el fondo como la forma de estas manifestaciones, no es que me parezcan propias de una indigna soberbia y menosprecio al resto de los españoles, a los católicos de todo el mundo, a la Iglesia y al propio Papa directamente. Con perdón para los jumentos, me parecen un acomplejado e injustificado rebuzno.

El segundo intento, fue la inconveniente descompostura de nuestro presidente Sr. Rodríguez Zapatero, al ausentarse inoportunamente de España y no estar presente en los actos litúrgicos que para la visita del Papa, estaban programados desde hace muchísimo tiempo. Personalmente me parece una indecorosa y premeditada provocación, pues si bien son respetables sus creencias personales, como Presidente del ejecutivo español, no debe olvidar que legalmente representa a la totalidad todos y cada uno de nosotros, lo que le obliga como mínimo, a respetar las más elementales normas de cortesía para con otro Jefe de Estado que por encima de ello, es guía espiritual de una inmensa mayoría de españoles, practicantes o no practicantes, pero que basan su conducta y razón de ser, en los fundamentos y valores de la fe cristiana. Con mi mayor respeto a los rucios del mundo, entiendo personalmente que el comportamiento de nuestro presidente ante el mundo, una vez más ha sido la proyección de otro estentóreo y discordante rebuzno que contrasta con las palabras de unión, concordia, diálogo, entendimiento y encuentro, proclamadas por el Papa en su visita apostólica a España.

No se porqué, cuando escribo estas breves reflexiones, me viene a la mente el refrán español: “Rebuzno de burro no llega al cielo”.

César Valdeolmillos Alonso.

El apogeo de la desvergüenza



He conocido tantas versiones de la verdad, que ya no se que mentira creerme
Anónimo

Pues eso mismo es lo que podría decir usted amigo lector, después de conocer las diferentes versiones que sobre los resultados de la huelga, hemos sufrido los 40 millones de súbditos del Gobierno y Sindicatos afines, es decir: los españolitos de a pié.

Lo curioso del caso, es que aquellos que nos han expresado valoraciones diametralmente opuestas, tratan de convencernos ardientemente, de que sus palabras no son mas que el reflejo de la pura verdad, por lo cual uno termina por quedar más atragantado que un pato en una clase de física cuántica.

Y no es que haya que esperar a estas alturas, que ningún cargo público nos diga, no ya la verdad. ¡Vamos! Hasta ahí podíamos llegar. Es que ni siquiera cabe esperar que diga, SU VERDAD.

En España, en los tiempos que corren, lo políticamente correcto, es mentir con el mayor descaro y desvergüenza, sin siquiera parpadear. Acción que en cualquier país verdaderamente democrático, al que se le pilla con el carrito del helado faltando a la verdad, tarda 24 horas en dar por terminada su carrera pública y marcharse a su casa.

Pero España es diferente y la perversión del lenguaje que desde hace años se viene promoviendo por parte de la clase política española, ha hecho que lo políticamente correcto convierta la mentira repetida hasta la saciedad, en verdad absoluta; lo blanco en negro y lo impúdico y deshonesto, en lícito, íntegro y honrado.

A estas alturas de la película, que mientan, ya no solo no debe sorprendernos, sino que es lo que cabe esperar de esta casta social ignorante que no ha dado un palo al agua en su vida; que para lo único que sirven es para crearnos problemas y a los que encima nos vemos obligados a mantener de por vida. Lo que debería dejarnos pasmados es que alguna vez, aunque fuese a causa de un arrebato irrefrenable de sentido de la realidad, dijesen algo razonable.

Visto lo visto y escuchado lo escuchado, que falten a la verdad barriendo para casa, lo asumimos ya como un mal irremediable. Irremediable porque nadie le quiere poner el cascabel al gato. Pero eso es una cosa, y otra muy diferente es que a las doce de la mañana, traten de convencerle a uno de que es noche cerrada. Hasta ahí ya no, porque es menospreciar nuestra inteligencia.

El hecho es que, la huelga de ayer es lo último que nos hacia falta en España, país que tiene el dudoso honor de encontrarse a la cabeza del índice de desempleo, a la cabeza del fracaso escolar, en el furgón de cola de la productividad, la competitividad y las prestaciones sociales. País endeudado hasta las cejas por generaciones, lo que significa empobrecimiento y atraso de cara a un futuro bastante más que dudoso y problemático.

Con esta huelga, hemos perdido todos y lo más absurdo, es que no sabemos quien ha salido beneficiado con ella.

Ha perdido el gobierno que ha visto su imagen aún más deteriorada de lo que ya está, por mucho que intente presentarse como víctima de unas medidas que no convencen a nadie, ni sirven más que para crear un estado de confusión e inseguridad jurídica que perjudican a trabajadores, pensionistas, parados y que alejarán la inversión nacional y extranjera por muchos años.

Si alguna imagen podían tener, la perdieron unos sindicatos ideológicos, correas de transmisión de la izquierda, a los que mantenemos todos con nuestros impuestos. Unos sindicatos anclados en los más rancios postulados del siglo pasado, aferrados a unas leyes emanadas de la más dura época del franquismo, en la que la falange tenía un gran poder dentro del régimen y que aún hoy, constituyen un pesado lastre en el despegue de la actividad económica de España y por consiguiente del bienestar y progreso de los trabajadores a los que dicen defender. Y si no, que se lo pregunten a los cuatro millones y medio de parados sin expectativas de recuperar su empleo. Que se lo pregunten al millón y medio de esos parados que ya no cobran ninguna subvención y que muchos de ellos están subsistiendo a la escasa ayuda que les pueden prestar sus familiares y a los comedores de Cáritas y otras instituciones sociales de la Iglesia. Que se lo pregunten a esa masa de nuestra juventud que ve como se les pasan los mejores años de su vida sin poder independizarse ni construir su futuro.

Ayer perdió también una patronal que no representa a nadie, con un presidente que no es precisamente el mejor exponente del empresariado que necesita España en estos momentos, pero a la que también mantenemos todos.

Pero quien más perdió con la demagógica huelga de ayer, fue el pueblo español, que a pesar de todos los cuentos de la lechera que nos pintan desde el poder ejecutivo, cada día que pasa, ve más oscuro e incierto su futuro, incluidos los pobres pensionistas que es en su edad más avanzada cuando, después de haber entregado toda una vida de trabajo a la sociedad, más ayuda necesitan.

Pero las previsiones del Jefe del Gobierno y del partido que le apoya, el PSOE, ante el estupor de propios y extraños, desdicen todo esto y no pueden ser más optimistas, tanto dentro, como fuera de España. Y el Jefe del Gobierno, tiene que saber mucho más que yo de estas cosas. Así que no me hagan ustedes mucho caso, porque esto solo son íntimas reflexiones de alguien que prefiere ser un aprendiz del saber, en lugar de maestro de la mentira y la ignorancia.
César Valdeolmillos Alonso

domingo, 10 de octubre de 2010

LA RAZÓN Y LA MISIÓN

En su visita al Reino Unido Benedicto XVI ha indicado claramente que si los principios éticos que sostienen el proceso democrático no se rigen por nada más sólido que el mero consenso social, este proceso se presenta evidentemente frágil. Esto es aplicable a todas las democracias occidentales y sin duda alguna a España, donde el proceso de perversión de la democracia es particularmente intenso. El juego de mayorías y minorías que puede tener valor para decidir sobre la mejor manera de administrar el país, de tomar decisiones económicas sobre el crédito, el comercio, la energía o el plan de comunicaciones, no puede utilizarse para decidir sobre “nuevos” valores morales, aunque se disfracen como extensión de derechos y otros eufemismos. La interpretación de la moral y la ética que puedan hacer los ideólogos del partido gobernante, desde posiciones que se dicen progresistas, se vienen convirtiendo en leyes, que se imponen obligatorias a todos los ciudadanos, una vez que son aprobadas por una mayoría parlamentaria, aunque esta mayoría se obtenga mediante el sistema de toma y daca: tú me votas, yo te doy. A partir de tales leyes, con la entusiasta colaboración de los medios de comunicación afines y el control del sistema educativo, se busca modificar el alma misma de la sociedad, configurar su forma de pensar para que no utilice su razón, ni busque la verdad, pues la única verdad es la que decida el parlamento. Dice el Papa que las normas objetivas para una acción justa de gobierno son accesibles a la razón, prescindiendo del contenido de la revelación. Benedicto XVI cree en la razón, de la que todo hombre está dotado, con independencia de su religión, para encontrar un fundamento objetivo de la realidad más sólido que las cambiantes mayorías parlamentarias, pero esta razón puede ser y de hecho es manipulada por las ideologías, en detrimento de la dignidad de la persona. Si la ideología imperante no cree que exista una verdad, ni una justicia, ni una ética, accesible al esfuerzo a la razón, se dedica a inventarse una que favorezca la relación de fuerzas en la que unos disfrutan del poder y los demás se contentan con lo que quieran darle de trabajo, de seguridad social, de sanidad, (mientras haya algo que dar, naturalmente) Si las palabras del Papa en el Reino Unido, a que he hecho referencia; iban dirigidas a cualquier persona, con independencia de que tenga una o ninguna religión, lo que ha dicho a los Obispos de Brasil va dirigido expresamente a los cristianos que creen que hay que poner en marcha nuevas técnicas para hacer atractiva a la Iglesia al mundo. Para el Papa la misión de la Iglesia no consiste en hacerse atractiva para el mundo, sino en trabajar al servicio de Jesucristo y existe para hacer que la Buena Noticia sea accesible a todas las personas. Para la eficacia de esta misión es necesario que todos los bautizados se conviertan en misioneros, enamorados de Cristo. La única técnica posible en la difusión de evangelio es que cada cristiano muestre con su propia vida que su encuentro con el Señor lo ha transformado en una persona nueva, cuyos valores no coinciden con los del mundo. Francisco Rodríguez Barragán http://elguadalope.es/2010/10/07/la-razon-y-la-mision/ Publicado en Bitácora de Rebelión Digital el 08-10-10 http://www.camineo.info/news/207/ARTICLE/11507/2010-10-08.html Publicado en Análisis Digital el 09-10-10 http://www.analisisdigital.com/Noticias/Noticia.asp?id=49856&idNodo=-5